Tulum, sus dioses y sus demonios

Probablemente la foto más hermosa de un paisaje mexicano es aquella reconocida imagen del templo principal de Tulum (El Castillo) que se levanta majestuoso a un lado del acantilado con vista de 180 grados al Mar Caribe y al arrecife mesoamericano. A nivel estético y turístico esta imagen es reconocida en el mundo entero como símbolo de un paraíso natural que resguarda a un patrimonio cultural de renombre mundial.

Pero Tulum no sólo es una foto extraordinaria de un sitio arqueológico frente al mar. Muy cerca del conjunto de templos se encuentra uno de los pueblos más antiguos y originales de la región. Antes de que Cancún o Playa del Carmen existieran Tulum ya era un centro poblacional que había mantenido su posición estratégica por siglos, viendo pasar sucesos como la conquista española, los atracos piratas, la guerra de las castas y las incursiones de compañías chicleras. Pero este pueblo que ha sobrevivido a través de la historia nada lo había amenazado tanto como la construcción de la carretera que uniría a Chetumal con Cancún, con esta vía llegaron los desarrolladores turísticos, los inversionistas, los hoteleros, incluso llegaron los gobernantes mexicanos.

Tulum ha sido un sitio de paso entre la capital de un joven Estado y el megaproyecto de desarrollo turístico que dio origen a la misma conformación del moderno Quintana Roo.

Aquellos pobladores de origen maya no se sintieron amenazados por la incursión sistemática ocurrida durante los últimos cuarenta años en sus tierras, pues tenían la certeza de que estaban resguardando un territorio sagrado protegido por los dioses antiguos. Pero no contaban ni sabían que desde antes de haberse iniciado el desarrollo turístico de Cancún el gobierno federal ya le había echado el ojo a las hermosas playas conformadas en la península que hoy forma parte de la reserva de Sian Kaan y que se encuentra entre la zona arqueológica y Punta Allen. Nunca se entraron de que en los primeros sobrevuelos para determinar dónde estaría el megaproyecto turístico esta franja costera estaba en la mira y que en ese momento perdió por una decisión de logística y abastecimiento.

La vida en Tulum había transcurrido en relativa paz, inevitablemente con la carretera llegaron turistas, muchos de ellos se quedaron, luego llegaron lo buzos encantados por la atracción de cenotes y ríos subterráneos y también se quedaron. De esa manera Tulum pasó de ser un pueblo maya a convertirse en un asentamiento diverso donde se respiraba un aire de tranquilidad y donde a todos los pobladores unía un espíritu particular de amor por la naturaleza. Tulum se convirtió en lugar predilecto para expedicionarios y aventureros, para viajeros de bacpack , hippies y artesanos. Los pobladores originales intentaron regularizar la tenencia de sus tierras y comenzaron a vender, sobre todo los predios con frente de playa con papeles de parcial protocolo legal lo cual originó que en muy poco tiempo comenzaran a ocurrir una serie de conflictos en el orden de la posesión de la tierra.

Así fue como la tierra se vendía con un simple papel manuscrito y luego resultaba ser que tenía dos dueños, o que el vendedor ni siquiera tenía documentación suficiente para acreditar su pertenencia. Fue tal el caos en la venta de los terrenos de playa que la única manera de garantizar cierta seguridad era contratando abogados y fincando firmemente la posesión.

El interés por la tierra con frente de playa llevó a los interesados a ofrecer comprar los terrenos dentro de la reserva de Sian Kaan, pertenecientes al poblado vecino a Tulum, denominado “Pino Suarez”. En un principio estos terrenos eran invadidos o apropiados por extraños hasta que los ejidatarios de Pino Suarez tomaron el control y delimitaron sus parcelas y con ello pudieron comenzar a vender también.

La cabecera de Pino Suarez se encuentra localizada a más de una hora de distancia de los predios de playa que les pertenecen, por lo cual la vigilancia de estos terrenos por parte de los dueños es prácticamente inexistente y el creciente deseo por predios con frente de mar es tan lucrativo que invariablemente comenzó un proceso de invasión sistemática y despojo de la franja de estos terrenos costeros .

Circunstancias tan complejas y desordenadas montaron el escenario perfecto para que los demonios pudieron traspasar la antiguas murallas de este paraíso terrenal e intentaran consolidar sus intensiones.

En tiempos recientes han salido a la luz una serie de investigaciones periodísticas donde se comienza a desenmarañar la trama de intereses y contubernios relacionados con la ambición que estas hermosas playas han generado. La reportera Lidia Cacho con el respaldo de la plataforma creada por Carmen Aristegui han intentado quitar las máscaras a los personajes ocultos tras los demonios representados por abogados, empresarios y políticos relacionados. Tulum es la Joya de la Corona, primero se planteo que Cancún fuera el proyecto turístico más grande del país, luego vino la magnífica idea de hacer algo similar en la Riviera Maya, es por demás natural que los ojos de poderosos intereses estén ahora puestos en el Tramo Tulum/Punta Allen, pero para lograrlo tendrán que engañar a algunos, despojar a otros, modificar normas, leyes y reglamentos, aprovecharse del caos existente para finalmente anunciar con bombo y platillo la creación de un megaproyecto turístico.

¿O será que los dioses antiguos pueden despertar a tiempo a una sociedad dormida que es testigo mudo de los atropellos y que no logra articularse ante la amenaza de aquellos poderes que se empeñan en transformar al paraíso en un “Resort exclusivo”?

Las investigaciones periodísticas pueden ser desmentidas pero el hecho está presente: la región no sigue un plan de desarrollo sustentable, han ocurrido, y siguen ocurriendo injusticias e irregularidades. ¿Quién es la autoridad competente que puede poner orden? Está la CONAMP-SEMARNAT que controla la Reserva de la Biósfera de Sian Kaan, el INAH que regula la zona arqueológica y su área de influencia, pero también están los el Ejidos, la Procuraduría Agraria, el Municipio y el Estado. Con tantos organismos involucrados tendríamos que estar garantizando el desarrollo sustentable de esta delicada franja costera. El tema es que con tantas manos no aparece un responsable, la esperanza ahora recae en la sociedad civil y sus organizaciones (ONGs) para convocar a los poderosos dioses antiguos a que vuelvan a poner orden en el paraíso, pero antes hay que exigir al gobierno Municipal, al Estatal y al Federal que cumplan su función de proveer certeza y__tulum_mexico legalidad para que dejen de ser sospechosos de cualquier acto de corrupción.

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