Tres Encuentros con el Diablo

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Primer acercamiento

Hasta ese día yo era feliz con la vida que llevaba. Cincuenta años habían pasado desde que llegué al mundo y el destino me había llevado a alcanzar ese relativo equilibrio que se consigue después de un largo y continuo proceso de ponderación de decisiones. Era feliz porque había formado una familia, me había desarrollado en una profesión de servicio turístico que me permitía ganar lo suficiente para vivir cómodamente, en mis tiempos libres seguía escribiendo, haciendo ejercicio, meditando de forma diaria, nada de qué quejarme, la vida me trataba bien, era justo lo que había querido y me consideraba un hombre afortunado.

Fue un día en que se me ocurrió hacer algo poco común para mí, ir a agasajarme solo en un lujoso restaurante, el salón estaba lleno así que el capitán me asignó un cuarto privado. Poco después de haberme sentado y haber ordenado mi bebida entró un hombre, elegante, bien parecido, que me saludó con familiaridad:

-¿Cómo estás? –preguntó.

-Muy bien gracias, pero…-traté de expresar que no me acordaba de quién era él.

-Soy el Diablo, cabrón –dijo con toda naturalidad.

-El Diablo…sí, sí, creo que me acuerdo

En efecto en la vida había conocido a varios individuos apodados el “Diablo”, pero no estaba seguro cuál de ellos sería éste. La edad cambia tanto a la gente que podía ser cualquiera.

-Te conozco desde chiquito, cabrón. Cuando vivías en la Ciudad de México.

Eso sí que me pareció extraño, viví en la ciudad de México hasta los 9 años y la verdad a estas alturas no me acordaría de nadie y mucho menos en persona, tal vez una foto o un nombre concreto, pero, ¿el Diablo?

-¿Te acuerdas cuando le partiste la cara a Alex?, qué madriza, no mames, pum…pum…suelo, de un gancho al hígado, se le fue aire, lo chingaste cabrón…eres un chingón. Desde allí supe que tenías madera.

-¿Cómo te acuerdas de eso?, a mí ya se me había olvidado.

-¿Cómo se me va a olvidar?, lo tengo presente como si hubiera sido ayer.

El Diablo miró hacia el techo como si recordando y luego prosiguió:

-Después de esa bronca te hiciste re-bueno para los chingazos, agarraste confianza en ti mismo. Estaba muy orgulloso de ti.

-Gracias –dije sin pensarlo mucho -, ¿pero…?

-Yo te conozco muy bien, la verdad fui un admirador tuyo, eras de mis gallos.

-¿Era?

-Hasta que comenzaste con la mota…la paz, el amor y esas pendejadas. La mota no estaba tan mal…pero “la paz y el amor”…no mames.

-¿Porqué “no mames”?

-La paz y el amor es puro pedo, en este mundo jamás se alcanzará el amor y mucho menos la paz…mira a tu alrededor.

-En mi vida sí hay paz…y sí hay amor –dije confiado.

-Te engañas, el amor es una ilusión y la paz una ficción. La gente pelea, lucha y compite y todas las relaciones, incluso las familiares, a fin de cuentas son por conveniencia, es lo natural.

-No estoy de acuerdo. Acepto que estamos lejos aun de alcanzar el ideal, pero de allí a que toda aspiración de paz y amor sea ilusoria y ficticia.

-Tan ilusoria y ficticia como la creencia de Dios –afirmó el Diablo.

-Bueno, allí sí, tal vez.

-No tal vez…¡a huevo!…dios no existe, te lo puedo garantizar.

-No quiero entrar en discusiones teológicas o religiosas contigo amigo –le dije.

-No te compliques, al final te darás cuenta y aceptarás. En este Universo solo hay el aquí y el ahora, lo demás son solo recuerdos e ilusiones, deseos…pendejadas –dijo el Diablo.

-La memoria y el anhelo son pate de la vida –complementé -, y si el concepto de Dios existe es porque alguien, o muchos, lo aceptan, por lo tanto, es real.

-Real tú, real yo, real esta bebida que te tomas, dios… ¡no mames!, ¿dónde está?

-Está aquí.

-No mames, cabrón…¿dónde?

-Aquí, en todo.

-Pinche soñador, aquí no hay nadie más que tú y yo. Aterriza.

Este “Diablo” era una persona arrogante, no tenía caso estar discutiendo con él, así es que guardé silencio esperando que se incomodara y que me dejara solo.

-No me voy a ir, porque te estoy diciendo la verdad, pero si me quieres ignorar, no hay pedo, yo aquí seguiré.

-Qué necedad la tuya. La verdad ni me acuerdo de ti –le dije.

-Pero siempre he estado cerca, yo te conozco mejor que nadie. La neta lo único que quiero es ayudarte, aconsejarte, que desarrolles tu potencial y que dejes de esperar a qué las cosas ocurran.

-Yo estoy bien, no te preocupes por mí –insistí.

-Pero podrías estar mejor…mucho mejor…solo te la tienes que creer.

El mesero me sirvió y no ofrecí nada al individuo a ver si optaba por retirarse, pero continuó:

-Come tranquilo pero escúchame. Está la gente y los chingones. Tú tienes el potencial de ser un chingón, si lo aceptas y te dejas de filosofar tanto. Mira, en esta vida sin duda se necesita visión y coraje, tú posees ambas cualidades pero te has conformado con una vida tranquila y en relativa paz. Pasará el tiempo y para cuando acuerdes llegará la enfermedad y la muerte y con ella se termina la oportunidad de hacer, gozar y crear. Necesitas acelerar el proceso, retomar tus ambiciones, se requieren grandes hombres para realizar grandes obras en este mundo.

-No te entiendo, yo soy feliz y considero que mi vida ha sido productiva –dije mientras comía.

-Puedes hacer mucho más cabrón, no mames. Si mañana te quedaras sin trabajo no te alcanzaría ni para pagar tus deudas, eso no es tranquilidad. Es hora de pensar en grande. Has escrito dieciséis libros y solo has publicado cuatro y vendes poco, ¿qué pedo, quieres que salgan a la luz cuando te mueras?, no mames, cabrón, la gente necesita conocer lo que estás haciendo, pero necesitas empujarlo. Yo ya leí tus libros y están poca madre, seguro hay millones de personas por allí que les encantará leerlos, a las que les podrías cambiar la vida, pero aquí estás cómodamente esperando, ¿a qué?, a que pase el tiempo. ¡No mames!, tienes que pensar en grande.

-¿Leíste mis libros? –le pregunté.

-Sí, claro, todos, no están mal, tienes madera, ya te dije que soy tu admirador. Aunque te voy a hacer una crítica…son muy ingenuos…tú partes del supuesto que la gente es buena y que dios existe…la gente no es buena y dios no existe…ja,ja,ja…por allí tendrías que comenzar.

-Entonces leíste mis libros pero no los entendiste.

-A huevo que los entendí, y no son malos, pero podría añadirle un poquito de sabiduría cotidiana. Al fin y al cabo tu literatura sí es ficción, pero hay que encontrar ese hilo que relacione la ilusión con la realidad si no, ¿para qué?

-Bueno, yo disfruto mucho escribir y crear realidades, aunque sea ficción a mí así me gusta.

-¿Y porqué has dejado de publicar?

-Porque no puedo vivir de eso.

-Allí está. No te voy a decir más, me lo acabas de aclarar. Por supuesto que podrías vivir de tus libros, abre los ojos, mira a tu alrededor, hay millones de personas buscando gastar su dinero en algo que les de sentido a su vida, aunque sea una fantasía. Como te dije, pienso que tus libros son buenos y estoy seguro que hay un mercado interesado para ellos, pero antes te la tienes que creer tú…a huevo.

-Ahora sí te doy la razón. La verdad últimamente no le he invertido el tiempo que requiere.

-Porqué no has sido suficientemente cabrón.

-¿Cómo?

-Tienes tu trabajo, en el cual te la rajas día con día, das empleo a un chingo de gente y has hecho ricos a varios, ¿y tú?…jodido…en esta relativa estabilidad que no te brinda la paz que tanto valoras, al contrario te trae preocupaciones a lo cabrón.

-Más o menos, pero mi trabajo si me gusta y me da mucha satisfacción.

-Cómo no, si descubriste uno de los lugares más hermosos del planeta y has creado una organización de servicio de poca madre, pero el día de mañana todo este palacio de ensueño se te viene para abajo. Tú sabes bien de qué hablo.

-Sí lo sé y te voy a dar la razón en eso.

-Te digo, te ha faltado malicia, las buenas intensiones no son lo más conveniente en este mundo lleno de cabrones. Hay que ser hijo de la chingada para sobresalir, hay que ser el más cabrón para subsistir.

-No quiero ser un hijo de la chingada, ni un cabrón –dije con seguridad -, está bien para mi ser simplemente una persona con buenas intensiones.

-¡No mames!…te voy a decir una cosa y sé de que te hablo: el cementerio y el infierno están llenos de personas con “buenas intensiones”, los cabrones y los hijos de la chingada están en la cima del poder y sus nombres son los que aparecen en los libros de historia. Hay que ser un hijo de la chingada, a veces, para ser un chingón. A veces hay que chingar para que no te chingen, así es la vida, así es desde el principio. ¿A poco crees que los reyes llegaron a ser reyes por tener buenas intenciones?, a huevo que no, llegaron al poder por ser cabrones y para lograr imponer su ley tuvieron que chingar a muchos. Así es este pedo. En la vida sobreviven los fuertes, los débiles se chingan.

-Eres muy dramático, la bondad, la amabilidad, la paz y el amor, son valores importantes que nos guían.

-Es pura facha, todos los gobernantes y los poderosos controlan a la gente haciéndoles creer que los “valores” son importantes. De esa manera los hacen dóciles y manipulables. Piensa tú en las religiones.

-¿Ahora quieres discutir mis creencias religiosas?

-No, claro que no, me caga la religión. Solo lo estoy poniendo como ejemplo.

-Allí sí te voy a chingar porque yo respeto a todas –dije.

-Haces bien, respeta, pero no les creas ni madre. No hay engaño más grande en este mundo que cualquier religión, pura piche fantasía…como tus libros –sonrió.

Ya estaba terminando de comer, había sido una conversación interesante y ahora solo tenía que pagar la cuenta para seguir mi camino.

-Diablo, me dio mucho gusto en conocerte –dije.

-El gusto es mío, cabrón. – Se puso de pie y extendió su tarjeta que decía “El Diablo XX” –háblame cuando quieras y nos vemos.

-Te hablo.

 

 

Segundo acercamiento

 

Mientras viajaba, como todos los días, del trabajo a mi casa escuchaba un programa de radio sobre finanzas y negocios cuando la comentarista mencionó que “El Diablo” era el nuevo presidente de las empresas OXXO, las tiendas de autoservicio con mayor crecimiento. Inmediatamente vino a mi mente la imagen del rostro del Diablo que había conocido unas semanas atrás. Saqué la tarjeta de mi cartera y comprobé que en efecto la tarjeta del Diablo era de la empresa OXXO, era el mismo.

Aunque no soy una persona que aprovecha sus relaciones me llamó muchísimo la atención el hecho que el Diablo fuera un reconocido empresario y, puesto que él se había tomado la libertad de invadir mi espacio de soledad sería más que normal invadir el suyo, así que tomé mi teléfono y marqué el número que aparecía en la tarjeta como personal.

-Piche Otto -reconocí la voz del Diablo -, te habías tardado en hablarme cabrón, ¿Qué pedo?, ¿pensaste lo que te dije?

-Si, mucho, acabo de escuchar tu nombre en el radio, nunca dijiste que eres el presidente de OXXO.

-Soy el Diablo cabrón, pero no soy mamón. Mantengo el principio de la discreción. Pero qué pedo, ¿cuándo nos vemos?

-Cuando quieras.

-Mañana, donde mismo-, me dijo.

-Va mañana, allí en el restaurante a la misma hora.

 

Llegué en punto como siempre y el Diablo allí estaba, esta vez noté que el área que ocupábamos, e incluso el local, estaba vigilado por un equipo de seguridad.

-¿Es tu gente? –, pregunté al Diablo mientras lo saludaba.

-Gajes del oficio mi hermano, el éxito también tiene su precio. Y más en este país donde el secuestro es un oficio.

-Lo bueno es que a nadie le interesaría secuestrarme -dije.

-No te creas, mira las noticias, no sólo secuestran a empresarios ricos, hoy en día, en México, cualquiera es blanco de la delincuencia. A esos cabrones les vale madre todo, se chingan a quien se deje. Yo no me dejo y aun así me quieren chingar.

-Hoy yo invito –le dije ofreciéndole el menú para que eligiera.

-No te preocupes, como poco, estoy cuidando la línea, para mantener la salud.

-Eso es bueno, básico.

-Lo principal hermano-aceptó-, sin salud vales madre, y a esta edad, está cabrón.…cuando pasas los cincuenta hay que cuidarse.

-Al fin estamos de acuerdo en algo –acepté.

-Estamos de acuerdo en mucho más de lo que tú crees. Me caes bien, solo quiero que abras los ojos y veas lo que hay por delante. No quiero que pienses igual que yo ni que dejes de hacer nada de lo que te gusta, solo me interesa que desarrolles tu potencial, que dejes huella en la vida.

-¿Y tú cómo le haces?, digo, para tener tanto poder.

-Buenas decisiones, hermano, hay que jalar cuando se pueda y ceder cuando se atore, pero jalar más de los cedes…como en la pesca. ¿te acuerdas cuando fuimos a pescar?

-¿A pescar, tú y yo?

-En Tamaulipas, acuérdate, con la Rata, el Mono, la Tortuga y el Perro.

-Sí, si me acuerdo, pescamos un chingo. Pinche calorón que hacía –me acordaba de todos los mencionados menos de él.

-Eyt…fue en la mera canícula. Piche pedota que nos agarramos. Para eso va uno a pescar. La vida es así de fácil: hay que divertirse, echar la línea y esperar a que la presa muerda el anzuelo…¿me entiendes?

-Sí, entiendo, eres buen pescador.

-Pura madre, esa fue la única vez que fui a pescar, pero así es todo en la vida. Lo importante es agarrar el pedo, y no me refiero solo a embriagarse, agarrarle el pedo a la vida es entender el porqué de las cosas. Nada es lo que parece hermano. Como cuando te asomas al agua turbia de la presa, que no se ve nada, y aún así tiras la línea con la esperanza de que algo va a caer, así pasa en los negocios, hay que tirarle a todo con la certeza que obtendrás lo que necesitas. Y de pronto…el pez comienza a picar, la presa cae y el agasajo empieza.

-Uff…aquella vez sacamos tanto pescado que ya no cabía en la hielera, tuve que regalar a mis vecinos.

-Eso se llama abundancia, hermano…te acuerdas…si desde entonces se notaba que el destino nos tenía puesto el ojo encima.

La realidad era que yo me acordaba vagamente del viaje a pescar, pero seguía sin recordar al personaje que tenía enfrente. Relacionaba  a mis otras amistades: La Rata, el Mono y el Perro, pero “El Diablo”, ¿quién chingados era este cabrón?

-En aquel entonces yo era solo un pobre Diablo…jajaja…-dijo-,pero ahora lo pobre se olvidó y soy sólo Diablo…Diablo a secas.

-Pero, ¿cómo le hiciste para llegar tan alto en la estructura de los OXXOs?

-Chingándole cabrón, qué otra, chingándole. Y chingando también, a veces. Ya sabes, si no chingas te chingan, así es este pedo.

-Sí, claro, pero de pobre diablo a dueño de OXXO…¡hay que chingarle!

-Bueno, también las relaciones ayudan, me casé con la hija del magnate de la cerveza. La pesca sirvió de algo.

-¿El magnate e la cerveza?, ¿te casaste con la hija de Don Eugenio?

-Sí, así fue. Pero te quiero decir que el hecho de que haya un OXXO en cada esquina del país fue mérito mío. Es más la familia ha decidido vender la cervecería para enfocarnos en el negocio más redituable: los OXXOs.

-Bien por ti, la vida te ha consentido y estas en la cima.

-Déjame te enseño.

El Diablo sacó de su bolsillo su teléfono inteligente y me mostró la pantalla:   -Mira, aquí está lo que los OXXOs ganaron el día de hoy.

Luego pasó a otra pantalla y, mostrando gráficas, continuó:

-Estas son las ganancias de refrescos en el país por el día de hoy.

-¿Refrescos?

-Sí, vendimos la cervecería pero nos quedamos con la refresquería, ya sabes: Coca Cola y esas chingaderas.

-Sí, las conozco.

-Vendemos en México y todo America Latina. Controlamos a la mitad del mundo. Me he convertido en uno de los hombres más ricos del planeta. Más vale ser Diablo que pobre.

-¿Eres feliz?

-A huevo…tengo todo…ya la armé. Y quiero que tú puedas decir lo mismo. Bueno, no lo mismo, pero cuando menos suficiente para dejar huella.

Estas conversaciones con el Diablo eran interesantes. Por un lado él parecía ser un amigo de toda la vida, al cual seguía sin recordar, por otro me parecía un ser humano nefasto: arrogante y presumido, pero por otra parte me conocía perfectamente, mostraba interés en mi vida y en mi obra e intentaba aconsejarme de acuerdo a su peculiar punto de vista.

-Me siento alagado que intentes aconsejarme, definitivamente tomaré en cuenta tu punto de vista -, le dije.

-Lo hago porqué me caes bien cabrón, porque me gusta lo que escribes y me parece que puedes avanzar mucho más rápido en tus proyectos. Ya estamos en los cincuentas, medio siglo, se agota el tiempo de andar buscando, es momento de encontrar.

-Tienes toda la razón.

Comimos con calma, platicando de la infancia y la adolescencia, evidentemente el Diablo había sido compañero y había estado cerca todo el tiempo. Recordamos el primer cigarro, las primera revista pornográfica, los robos a la tienda de autoservicio, las borracheras, la experimentación con drogas, las peleas en pandilla, las novias, las amantes y las putas…la memoria compartida era tan extensa, profunda y divertida.

Después de la comida seguimos en la sobremesa, el tiempo pasaba y los temas se extendían y profundizaban. El Diablo tenía una manera muy particular de entender el mundo y, aunque yo no estuviera de acuerdo con sus argumentos, me parecían respetables y divertidos:

-Ya había olvidado la mayoría de estas historias –continué -, se me hace que las había bloqueado de mi mente, me daba vergüenza.

-Vergüenza de qué, no mames, es tu vida, ni pedo, es lo que te ha hecho lo que eres. Cada acto te conforma, estoy de acuerdo que en ocasiones nos excedimos, corrimos riesgos y hasta libramos situaciones peligrosas, pero es parte del crecer.

-Así nos parecía, pero ahora mirando en retrospectiva fue imprudente, y sí divertido-, confesé.

-Sobrevivimos carnal es lo importante. Y ganamos un chingo de experiencia. Aprendimos a pescar, a coger, a aguantar vara y a templar carácter.

-Sinceramente hay dos que tres cosas de las cuales sí me arrepiento -dije.

-Ni pedo, el arrepentimiento es para los débiles.

-¿Porqué?

-La cagaste, no hay pedo, asume las consecuencias.

-La consecuencia de mis cagadas fue el arrepentimiento.

-Jajaja… te fue bien, por eso me caes bien cabrón…eres un pinche filósofo.

Esta vez alguno de sus guardaespaldas pagó la cuenta y caminamos hacia la salida.

-De pura curiosidad, ¿de qué te arrepientes? –me preguntó.

Me quedé pensando un momento mientras salíamos del establecimiento.

-De haber hecho daño a los demás.

-Por eso me caes bien.

 

 

 

Tercer encuentro

 

-¡Compadre! –se escuchó la voy a través del teléfono. – Soy el Diablo, cabrón. ¿qué haces?

-Saliendo de la chamba, voy a mi casa.

-Vente para acá a mi casa, para seguir el cotorreo.

Obtuve la dirección de su departamento en la zona hotelera de Cancún y en vez de llegar a mi casa me fui hacia allá.

-Vengo con El Diablo-, me presenté en la caseta de seguridad.

Perecía que mencionar ese nombre era la palabra mágica para abrir todas las puertas. De inmediato comprobaban mi nombre y el equipo de seguridad se laxaba tratándome como miembro de la familia.

El departamento era el Penthouse con una vista extraordinaria del mar caribe en prácticamente 180 grados.

-¿Cómo ves?, mi buen amigo, mi nueva adquisición. Me lo compré para esconderme de mi vieja. Nadie se enteró que lo tengo, ni mis hijos – me explicó el Diablo a quien se le veía relajado y alegre, tal vez un poco embriagado.

-¿Y si te buscan?

-También compré otro depa en este mismo edificio y cuando alguien de la familia viene…me traslado para allá. Digamos que llevo una doble vida.

-Todos tenemos doble vida, de cierta forma.

-Tú me enseñaste cabrón. Me acuerdo como tú siempre tenías una movida, aunque tuvieras vieja, había otra, o otras por ay.

-Bueno, eso era en la secundaria y en la prepa.

-Justo cuando uno crea hábitos.

-Cambié, tuve que cambiar.

-Te cacharon cabrón, ¡qué pendejo eres!

-Sí, a decir verdad sí me cacharon, por eso le paré y decidí ser transparente en el amor.

-No mames pinche compadre, ¡qué mamadas estás diciendo! El amor no existe, tu me enseñaste eso, y vaya que si tienes razón.

-Tal vez alguna vez así lo creí, pero he cambiado de parecer.

-¡Ay compadre!, te tendré que recordar tus principios, tu origen. El amor es una ilusión, una fantasía, si crees en él existe, si dudas desaparece…tú me enseñaste eso.

-Supongo que ahora creo en él. Y sobre todo después de haber conocido a mis hijos.

-¡Ah bueno!, ahora sí que me chingaste compadre, estoy de acuerdo, los hijos le dan sentido a la palabra amor, allí sí, ni qué decir.

El Diablo caminó por su departamento hasta el bar, allí pasó tras la barra y ofreció:

-¿Qué te sirvo compadre?, ¿Tequilita…chelita…churrito?, ¿Un perico…tacha?…lo que quieras.

-Estas cabrón mi Diablo, pura tentación. Un tequilita está bien.

El Diablo me sirvió un caballito de la marca de tequila que yo siempre he tomado.

-Ay con tu permiso -, sacó un poco de polvo blanco y lo inhaló -, para comenzar la jornada -, dijo y después se sirvió su propio tequila -, brindemos. Por el amor…por los hijos…por los amigos.

-Por las mujeres -, complementé.

-Por todas las mujeres…por cierto, estaba a punto de recibir un masajito, ¿gustas?

-Cómo no.

En la terraza, con vista al mar había dos mesas de masaje preparadas. Dos guapas masajistas, evidentemente extranjeras, ya nos esperaban.

-A disfrutar compadre, no hay de otra.

-Qué le hacemos.

-Nada más no te vayas a confundir, esto no es amor. Estas mujeres son profesionales.

No podía negarme a la terapia, tan necesaria después de meses de entrenamiento deportivo. La masajista hablaba muy poco español, creo que era Rusa o Ucraniana, quién sabe, con señales básicas me ayudó a quitarme la ropa y me recosté entre las sábanas de la cama de masaje.

Fue aproximadamente una hora de terapia de cuerpo entero, después de la cual mi amigo comentó.

-Compadre, ando muy estresado últimamente, así que continuaré con el “relax” en la habitación. Si gustas, está todo incluido. Al ratito nos vemos.

¡Tentador! La chica hermosa, dispuesta, una profesional…¿porqué no?…pero…¿mi esposa?…comencé con las dudas y la moral. Respiré profundo y tomé la decisión de “pasar”, dejarla allí: un masaje delicioso y ya.

Me puse una bata mientras comencé a charlar con la chica de nombre Irina y en efecto de nacionalidad Ucraniana. Tengo buen ojo, ¡y valla que era agradable a la vista!

-No voy a tomar el “relax” -, confirmé, reforzando mi determinación.

Ella comprendió y me acompañó casualmente. Nos servimos un trago y esperamos hasta que el Diablo y su masajista volvieron.

-¿Qué pedo cabrón?, ¿qué chingados hacen aquí?, ¿a poco ya?…

-Todo bien compadre, esta vez pasé.

-No mames cabrón…¿qué pedo contigo?. ¿eres puto…o qué?

-Estoy casado…y amo a mi vieja.

-No hay pedo…como te dije…esto no es amor, no te confundas.

-Por eso…a mi no me gustaría que mi vieja estuviera con otro cabrón.

-Bueno, allí si está cabrón. Pero uno es macho, es diferente. El hombre está diseñado para tener varias viejas…es nuestra naturaleza.

Las chicas se retiraron sin antes cobrar sus honorarios al mayordomo quien en todo momento estaba al pendiente.

-Siempre fui un cabrón, tu lo sabes –expliqué -, pero ahora me he comprometido en serio. Yo sé que parece una pendejada “pasar” de una oportunidad así, pero, es un compromiso conmigo mismo.

-Tú sabes lo qué haces, o lo que dejas de hacer, pero…acabas de dejar pasar una oportunidad. Pinche bizcochón…estaba preciosa la Irina.

-Eso que ni qué.

-Mira compadre – comenzó a explicar el Diablo -, al momento hay que sacarle jugo, la vida es como un fruto, si no lo exprimes y lo disfrutas se pudre. El remordimiento de conciencia es una mamada, la moral…puro pedo.

-Cada quién…yo no soy moralista ni nada de eso pero sí creo en la correspondencia y en la confianza.

-Ojos que no ven, corazón que no siente compadre. Mientras no cantes…todo está bien.

-Así lo creía yo, pero cuando convives mucho con alguien y hacen compromiso de confianza las mentiras se sienten, es difícil ocultar las infidelidades.

-No mames, compadre, por eso estás jodido. Si el éxito en la vida se basa en engañar y guardar las apariencias. Piensa en la política, en la mercadotecnia, en cualquier rama del poder…el juego es de apariencia y engaño…como en el pocker.

-Pues sí, tienes razón, así es.

-A huevo que así es, por eso hay que ser cabrón. Si no chingas…te chingan ya te lo dije, así es este pedo.

-Aunque sé que de cierta forma tienes la razón, me gustaría pensar que el mundo es diferente.

-Pura fantasía, compadre, buenos deseos, ilusión.

-Me gustaría vivir en una sociedad donde los líderes no engañen, donde existan valores compartidos que definan los principios de convivencia.

-Eres un pinche idealista, me caes bien, pero nunca va a ser.

-Cómo no, ¿porqué no?

-Mira a tu alrededor, ¿crees que para tener esto se logra con trabajo honesto y transparente?, ni madres…hay que chingarle…y no lo digo en el sentido de esforzarse, lo digo en el sentido literal, hay que chingar. Desde que fuimos esperma tuvimos que chingar para lograr ganar el único lugar disponible en el óvulo de nuestra madre, así es el pedo durante el resto de la vida. Hay que ganarle a los demás. Hay que chingarlos a como de lugar.

-En lo del esperma y el óvulo tienes razón.

-A huevo.

-Pero no es necesario joder a los otros para sobresalir. También se puede ayudar, cooperar, compartir…puede ser que estas acciones no necesariamente traigan la abundancia en sí, pero sí una satisfacción que la riqueza no trae.

-Pinche compadre…estás cabrón…ahora resulta que quieres cambiar al Diablo.

-No, a ti no, te respeto, aunque no esté de acuerdo, comprendo tu punto de vista pero tengo el mío propio, eso es lo que enriquece la vida: la diversidad de opinión y de punto de vista.

-¿Sabes quién soy? –preguntó el Diablo cambiando el todo de su voz.

-Pues el Diablo.

-No, hablo en serio, ¿Sabes quién soy?, ¿te acuerdas de mí?

Me quedé pensativo, en realidad no recordaba quién era, asumí que sí nos conocíamos pues él sabía muchas cosas de mi vida, demasiadas, tenía que haber sido un buen amigo.

-Ven cabrón, acompáñame, te voy a enseñar algo.

Los dos vestíamos nuestras batas blancas y pasamos a una habitación contigua que tenía espejos en los cuatro muros, al cerrar la puerta pareció que quedamos suspendidos en medio de secuencias de reflejos. Al acostumbrarme me di cuenta que aquello no era un simple cuarto sino que había muros y relieves, un especie de laberinto.

-¿Qué tal? – comentó el Diablo -, aquí la esencia se multiplica.

-Está chingón –comenté.

-Sí, chingón…ven…sígueme.

Conforme nos internamos en aquel laberinto llegó un momento donde dejé de percibir la presencia del Diablo, simplemente escuchaba su voz, pero no estaba seguro si lo veía a él o era su reflejo, incluso lo confundía con el mío.

-Ahora sí, cabrón, ¿quién soy? –se escuchó nuevamente la voz.

Las imágenes eran en verdad confusas, los reflejos se ensimismaban los unos con los otros en secuencias infinitas, solo en ciertos ángulos cambiaba ligeramente la línea y allí seguía un pasillo.

-No mames cabrón, pinche Diablo, ¿dónde me metiste?

-Jajajaj…-se escuchó la risa del Diablo resonar a la distancia -, ahora sí, tienes que encontrar la salida. Descubrir quién eres…qué quieres ser.

Entre los cientos de reflejos de mí mismo de pronto podía distinguir al Diablo que se asomaba por una esquina.

-Ya te vi, hijo de tu pinche madre, no te me vas a escapar –toda la situación era divertida, aunque tengo que aceptar que a esas alturas ya me estaba desesperando un poco.

Aquel laberinto de cristal era una verdadera locura, tuve que detenerme para tratar de encontrar un camino, y cada vez que lo hacía notaba el movimiento del Diablo e intentaba seguirlo.

-¿De qué se trata esto? –grité.

-Encuentra la salida, descúbrete a ti mismo.

Tenía que mantenerme activo para no perder de vista a mi anfitrión, estaba seguro que siguiéndolo podría salir, pero pasó el tiempo y cada vez me sentía más confundido y desubicado. En alguna esquina me tropecé y al intentar sostenerme me caí de frente hacia uno de los espejos que se rompió. Inmediatamente me percaté que este accidente había abierto un espacio nuevo entre los pasillos por el cual pude ver al Diablo quien seguía huyendo.

Había quedado un poco aturdido del golpe y al poco tiempo volví a estrellarme contra otro espejo el cual se estrelló al momento que en los reflejos el suceso se repitió hacia el infinito en lo que a mi me pareció una cámara lenta. En el centro de la estrella ahora sí se definía con toda claridad una mancha de sangre, de mí sangre.

-Pinche Diablo, ya me di en la madre, no mames, ¿por dónde salgo?

-Jajaja…ya vez cabrón…ya comienzas a comprender.

Percibí que la voz venía de muy cerca y al poner atención pude apreciar de reojo que el Diablo estaba a mi lado, me lancé sobre de él en un abrazó y ambos caímos rompiendo un par de cristales que cayeron sobre nosotros abriendo nuestra piel con los pedazos que fueron como cuchillos en mantequilla. Yo me quedé tirado mientras que el Diablo se puso de pie inmediatamente e intentó seguir huyendo. Lo agarré del pié y volvió a tropezar estrellándose contra otro grupo de espejos. En la lucha debimos de haber tropezado y caído en más de una docena de ocasiones hasta que finalmente el escurridizo Diablo se pudo escapar de mi vista, dejándome tirado en el suelo, bañado en sangre que brotaba de las distintas heridas que me había hecho en brazos, en piernas, en la cara, en la cabeza, en el abdomen.

-Ya estuvo cabrón, estoy herido –grité.

En eso el Diablo se hizo visible, también lleno de sangre y mal herido.

-De aquí solo uno saldrá. El más chingón.

Instintivamente me lancé sobre de él rompiendo a mi paso cristal y piel, cuando al fin lo pesqué, me agarré con fuerza y no desistí hasta tenerlo en el suelo. Pero se defendía con ímpetu y tomando un trozo del cristal roto trató de enterrármelo. Mi reacción fue tomar un trozo filoso del espejo y clavarlo en su abdomen, antes de que él hiciera lo mismo.

-Bien compadre, tu ganas -, dijo, mientras su cuerpo perdió fuerza y se desvaneció.

Con la cantidad de cristales rotos que había dejado la pelea ahora se podía definir con relativa claridad el sitio de la puerta de salida. Sin pensarlo más me dirigí directamente hacia ella y al abrirla…volví al departamento.

-¿Todo bien señor? –preguntó el mayordomo quien se me aproximó con una toalla.

Yo estaba completamente traumatizado, atónito, no sabía qué decir, qué hacer, tenía que salir de allí.

-Todo bien…solo quiero ir a mi casa indiqué -, con mi familia.

Limpiándome la sangre y deteniendo las hemorragias caminé hacia el elevador. Los guardaespaldas que me vieron salir no me detuvieron, al contrario me ayudaron hasta llegar a mi coche, el subirme el chofer me preguntó:

-¿A casa señor?

-A casa.

En ese momento no entendía lo que había ocurrido. Mientras me llevaban a casa recapitulé toda la experiencia y comprendí que aquel Diablo que tan bien me conocía no era distinto a mí de ninguna manera, al contrario, era tan parecido, sabía todo de mí, hasta mis secretos más íntimos. Recordé el salón de los espejos y reconocí que en el reflejo era mi rostro, mi cuerpo, era yo, siempre fui yo. El Diablo vivía en mí, siempre había estado allí. Pero lo había matado, lo había exterminado…yo era el vencedor, fui más cabrón, más chingón, y había logrado sobrevivir.

Al bajarme del carro me sentía mejor, mis heridas estaban sanando y el remordimiento de conciencia por haber matado a un cabrón se disipó al ver a mis hijos…mis amores…lo único en que realmente coincidimos los dos.

 

Tengo que aceptar que después de aquella experiencia tuve mucho éxito en la vida, adquirí confianza en mí mismo, había vencido todos mis temores y me sentía seguro, fuerte y poderoso. Ahora estaba preparado para desarrollar mi potencial, había vencido a mis limitaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

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