Yo soy un hombre feminista

d6b10bdc-e9ba-42d4-9214-90b852b3385fSoy feminista porque creo que faltan más hombres que abiertamente y sin temor a la crítica nos pronunciemos en contra de la violencia y el maltrato hacia las mujeres. El fantasma de la agreción sexual, que en demasiados casos llega al extremo del feminicidio, está rompiendo nuestro tejido social desde lo más profundo e íntimo de nuestro propio núcleo familiar.

La madre siempre ha sido y ha representado el origen de la vida, la estabilidad, el amor incondicional. La madre que nos parió a todos hombres y mujeres por igual es siempre una mujer, sin excepción. Es un hecho irrefutable e irreversible el que todos hayamos nacido de una madre, aunque algunos se empeñen en ser calificados como que carecieron de ella. No tienen madre aquellos que promueven el acoso y, a falta de valor para cortejar a una dama prefieren insultos, que disfrazan de piropos y supuestos complementos a mujeres desconocidas, solitarias y vulnerables.

Con demasiada frecuencia en todo el país estos acosos terminan en agresiones anónimas que comienzan en ese cotidiano chiflido o comentario y que dan pie a finales fatales como violaciones y asesinatos. El índice de este tipo de crímenes en nuestro país es altísimo. La ONU reporta que en México el 41% de las mujeres han sido víctimas de violencia  sexual en algún momento de su vida y nueve son asesinadas cada día. Aún así gran cantidad de víctimas tienen miedo a denunciar porque las autoridades no las toman en serio, en muchos casos las denigran por ir a presentar la denuncia, la misma sociedad a veces tacha a las mujeres agredidas como “malas”e “impuras”, “provocadoras”, “Ellas se lo buscaron”, excusas demasiado comunes para dejar de ser estúpidas, degradantes y abiertamente misóginas. En muchos casos hasta la misma familia intenta ocultar el hecho. Más triste es aún el que un altísimo porcentaje de estas violaciones ocurren dentro del entorno familiar, y son justamente estos los que no se denuncian por temor a represalias y a una mayor violencia.

Hace unos meses me enteré de una caso cercano de violencia familiar donde el hombre golpeaba a su esposa embarazada, ella era colega y le aconsejé ir a denunciar. Fuimos juntos a la ventanilla de la mujer, organismo para la protección y defensa del género. Allí logramos que una consejera le sugiriera abstenerse de llevar a cabo su intención de interponer una denuncia formal ya que afirmaba: “Si lo acusas lo van a meter a la cárcel y no lo vas a poder sacar,¿quién va a mantener a tu hijo?”, de hecho le pidió a mi amiga que mejor lo pensara mejor. Intentamos ir directo al ministerio público, pero ya para entonces, después de varias horas de espera para que nos atendieran mi compañera desistió. Prefirió guardarse los insultos y aguantarse los golpes a tener que seguir sufriendo el despreció por parte de un sistema que pareciera diseñado, desde su primer eslabón, para proteger a los agresores por ser hombres y para desincentivar a las víctimas por ser mujeres.

Ya es hora de detener a tantos hombres que creen que es su derecho el  acosar, a tantos hombres incosientes que se escudan tras el supuesto de que un macho tiene que hacer el avance, aunque la hembra diga que “NO”. Ya no somos animales , dejemos de comportarnos como si los instintos superaran a la razón, al sentido común y a la moral. Existen demasiados hombres que no tienen madre, hombres que insisten en el acoso, hombres que practican el maltrato, hombres que se agrupan para llevar a cabo violaciones y asesinatos. ¡Ya basta!, ni una más, tenemos que detener este flagelo que pone en riesgo a nuestras madres, a nuestras hermanas y a nuestras hijas, esta perversidad que en muchos casos ocurre abiertamente en la vía pública y que limita la movilidad de las mujeres. Ahora resulta que una mujer no puede caminar sola por la calle porque es peligroso y la sugerencia es que no lo hagan, como si viviéramos en estado de sitio.

La incapacidad de todas las autoridades por atender este flagelo social se hace evidente en el hecho de que cada día nos enteramos de más y más casos de feminicidios, dígase ocurridos en Mérida, en Cancún, en Playa del Carmen o en Chan Chen, esto sin mencionar las miles de ciudades del país donde se replican los mismos patrones.

La casa se barre desde arriba. Tendríamos que comenzar por revisar a consciencia la narrativa de los líderes, de los políticos, de los empresarios, de los secretarios y directores generales. Ya no es posible que en pleno siglo 21 en México se sigan tolerando declaraciones de corte misógino, el permitirlo es una ofensa directa a miles de mujeres violentadas, víctimas conocidas y anónimas. Toda violencia empieza por la palabra, urge una sociedad más culta. Podríamos empezar por el Fondo de Cultura Económica para enviar un mensaje claro a los machos de que no son animales y que, si quien conquistar a una mujer tendrían que convertirse en caballeros.

La palabra es reflejo del pensamiento. La palabra justifica la acción. Hay que levantar la voz, denunciar, proteger, convencernos que esto ya no puede continuar. Soy feminista porque amo a mi difunta madre, amo a mi esposa, a mis hermanas y a mi hija. Soy feminista de convicción y no soy un macho, prefiero el título de caballero, y esto sirve con las damas.

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