La herencia Maya es un patrimonio vivo

MC015Hay varios acontecimientos políticos que pueden llevar a la conclusión de que la zona Maya está reviviendo. Por un lado está la inversión en el tren Maya y su deseada ciclovía, por otro el hecho de que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales haya sido la primera Secretaría en establecerse en provincia, justamente en Mérida Yucatán, y luego está la ceremonia para pedir permiso de comenzar la obra que ocurrió simultáneamente en sitios arqueológicos en toda la extensión de la Vía Maya. Si todos estos acontecimientos no son una señal entonces estoy sufriendo de ilusión.

El hecho es que la zona Maya no necesita resucitar porque nunca murió. Por más que durante la conquista los españoles se empeñaran por degradar sus creencias imponiendo una religión extraña, el pueblo nativo no se  dejó y mediante estrategias complejas los Mayas se encargaron de mantener su tradición viva. Pretendieron adoptar la religión y costumbres importadas de Europa, mezclaron los rituales que derivó en el sincretismo religioso actual, pero nunca perdieron su escencia. La mayor parte de los Mayas se convirtieron en Cristianos, pero no olvidaron sus mitos ni sus leyendas que se mantuvieron vivos a través de una tradición oral que subsiste hasta el día de hoy. Las historias de los antiguos se cuentan alrededor del fuego, mientras las mujeres cocinan, en el campo mientras los hombres trabajan. La sabiduría antigua se ha preservado principalmente en el entorno del maíz y a través de todo su proceso: desde la preparación del campo para la siembra, hasta que que llega a la mesa convertido en tortilla. Como bien se describe en el Polpol Vuh: los hombres y las mujeres fueron creados a partir del maíz.

El pacto cultural, la resistencia contra la invasión, se mantiene y se refrenda con cada tortilla que comemos. El Maya recuerda su origen cada vez que se alimenta, cada vez que trabaja, cada vez que comparte y cada vez que festeja. Aunque hoy en día la línea que divide a la cultura europea de la nativa prácticamente se ha diluido, es evidente que los mayas siguen aquí y esto se pone de manifiesto con los cerca de un millón de individuos que hablan la lengua Maya-Yucateco tan solo en la península.

Las creencias antiguas se basadas en la naturaleza, en la observación astronómica y en la medición del tiempo. Para los mayas los elementos (Agua, Tierra, Viento y Fuego), las direcciones (Este, Oeste, Norte y Sur), eran los pilares que sostenían al mundo, sobre ellos la vida en todas sus formas brotó. Por ello cada animal y cada planta tenía una razón de ser en su cosmovisión, una posición específica e importante en la estructura de la vida y en el tejido de sus historias. El Jaguar por ejemplo era venerado como un dios viviente, un Señor que cuidaba la selva y mantenía el equilibrio de las demás especies. El jaguar era visto como un elemento de la naturaleza (Chac Mol), pero también era visto con un espíritu (Balam). 

El hecho de que la SEMARNAT haya mudado su cede desde la Ciudad e México hacia Mérida es un acontecimiento de un enorme significado. Es tiempo de reconciliar al ser humano con su entorno natural. En la Península de Yucatán aun se cuenta con importantes corredores biológicos donde se mantienen ecosistemas suficientemente sanos para albergar poblaciones importantes no solo de jaguar sino también de puma, ocelote y margay, cuando en una región hay presencia de estos felinos es porque existen selvas sanas.

Así como la cultura Maya puede florecer a partir de los vestigios que han permanecido vivos a pesar de múltiples conquistas, también la naturaleza puede recobrar la salud si aprendemos a respetarla, a pesar de los continuos y sistemáticos intentos por destruirla. 

Me parece bien que se vuelvan a hacer rituales auténticos dentro de los templos antiguos, qué las zonas arqueólogicas dejen de ser ruinas y que se vuelvan a valorar como templos ceremoniales. Es amplio y profundo el simbolismo que se está manejando, espero que las señales sean todas positivas, qué se hagan bien las cosas: respetando a los pueblos y sus tradiciones, protegiendo a la naturaleza con todos sus elementos. Hacer una ceremonia, un ritual siempre está bien, pero para hacer buen gobierno se requiero esto y mucho más.

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