Adicción a la gasolina y medio ambiente

img_6688Las compras de pánico de gasolina en el país solo han ayudado a poner en duda la estrategia para detener el robo de combustible. Durante el último mes hemos pasado de estar en estado emergencia ambiental en cuando a calidad del aire en varias ciudades del país a tener que dejar de conducir vehículos de combustión por necesidad solidaria de ahorro, debido a la amenaza de desabasto. Yo me preguntó: ¿preferimos gasolina o aire puro?, ¿no es a caso nuestra adicción a las gasolinas la principal fuente de contaminación? En lo personal yo definitivamente prefiero aire limpio, el principal medio de energía para el ser humano es el aire; podemos vivir meses sin comida, días sin agua, pero tan solo un par de minutos sin aire. 

Pero dejando de lado la salud humana y medioambiental lo que sí puedo afirmar es que esta semana que pasó gasté una cuarta parte de la gasolina que normalmente consumo. La alarma de falta de abastecimientos provocó que fuera más consciente de mi forma de traslado y los resultados fueron de verdad positivos para mi economía personal. 

Primero comencé a manejar bien; sin acelerones innecesarios, aprovechando la velocidad para soltar el pedal de combustible, circulando a velocidades moderadas sin pretender tener prisa. Como segunda estrategia de ahorro planee todos los traslados con mi familia de tal manera de evitar que dos vehículos fueran en paralelo, tratando de llevar a uno o varios miembros de mi familia a la vez, este hecho fue tan fácil como hablar un poco, planear y acomodar horarios para evitar utilizar más gasolina de la necesaria. Para prevenir vueltas innecesarias organicé mejor los quehaceres del día para que, en una sola salida, poder realizar todos mis pendientes en el camino. Digamos que no solo fui eficiente en el consumo de gasolina, al lograrlo también mejoró mi efectividad personal y laboral.

En trayectos cortos utilicé la bicicletas y al hacerlo me di cuenta que la mayor parte de los recorridos cotidianos son en efecto cortos, que con la bicicleta no solo ahorraba en combustible sino que evitaba el congestionamiento, las cuotas de aparcamiento y en tiempo de traslado y espera. Es un hecho que en áreas de trafico intenso es mucho más rápido moverse en bicicleta, a veces incluso caminando, que formando parte de esos ríos de coches encendidos que avanzan a vuelta de rueda, luchando por cada espacio del camino.

Si algo he aprendido esta semana es que soy adicto a la gasolina, soy miembro de esa generación que piensa que tener un vehículo es el lujo más grande que una persona se puede dar, pero hoy me doy cuenta que muy fácilmente puedo reducir mi consumo, que el hacerlo no implica un sacrificio, más bien es un proceso de mejor planeación, mejor organización, mejor conducción, bajar el consumo de gasolina es una de las mejores prácticas ambientales, de movilidad y de salud pública.

Después de hacer la balanza personal de lo ocurrido esta semana creo que me quedo con mantener este estado de alerta, seguiré ahorrando ya que no solo beneficio a mi salud y al medio ambiente, dejo de ser uno más en el tráfico y ayudo a mi economía familiar.

Entiendo que mucha gente está muy preocupada, pero si con estas acciones se va a evitar el robo al Estado, se va a eliminar la corrupción y como producto secundario se genera una mejor cultura vial y se disminuye la contaminación, yo personalmente aguanto lo que sea necesario. Creo que ya viene siendo tiempo de apagar los motores y comenzar a disfrutar de la vida sin pretender que estar la mitad del tiempo tras un volante es calidad de vida.

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