CAPÍTULO SEGUNDO

Screen Shot 2018-12-10 at 7.11.49 PM         Y así como ocurrió cuando despegué en el inicio del viaje, la burbuja en la cual estaba contenido salió disparada hacia los cielos, siguiendo la trayectoria que con mi mirada iba trazando. Crucé los espacios siderales viajé con rumbo al planeta azul que tan hermosos recuerdos me traía. Me acerqué a él y, estando a punto de penetrar en su atmósfera, mi embarcación siguió de frente, ignorando mi voluntad de volver a la Tierra. Contrariado, volteaba yo a ver a mi planeta de origen que se alejaba, mientras al frente un planeta rojo se veía cada vez más cercano. Fue entonces que recordé el mapa que la reina de Venus me había entregado, tal vez ahí se encontraría la razón del súbito cambio de trayectoria. Cuando desdoblé el mapa vi que estaba hecho de una hoja transparente que parecía ser de un plástico delgado, y aunque aparentaba ser pequeño, al momento de extenderlo apenas cupo dentro de la burbuja.

Rápidamente me acerqué a la atmósfera del planeta rojo sin poder ordenar el mapa. Al fin aterricé sobre la superficie desértica y sentí que, a diferencia del calor de Venus, en Marte hacía mucho frío y mi paso era ligero por la poca gravedad. Pero mi burbuja espacial de inmediato se acopló a las condiciones del lugar. Ya que controlé la emoción que el viaje me había provocado,al fin pude abrir el mapa, extendiéndolo por la circunferencia interna de mi burbuja. Parecía que esa misteriosa transparencia había estado diseñada para adherirse a mi embarcación pues quedó perfectamente adherida en el interior de la burbuja.

Antes de aventurarme a explorar, me tomé un tiempo para estudiar el complicado mapa. En líneas incoloras se marcaba una trayectoria espiral que partía de un centro, cada giro era una órbita que coincidía con una marca que, según yo, representaba a un planeta. Si el origen de mi viaje era el planeta Tierra, el primer giro fue aquel que me llevó a Venus. Seguí la trayectoria y vi claramente que así se ilustraba en el mapa. Me concentré en la marca que representaba al planeta Venus y entonces ocurrió que la filmina se modificó y, en la pantalla de mi burbuja, apareció un diagrama de Venus indicando el lugar de acceso hacia el mundo subterráneo y las galerías que lo conformaban. Estudié con atención, recordando el camino que había seguido y reconocí que el fin de esa parte del trayecto era llegar hasta el salón donde se encontraba el oráculo del amor, la puerta hacia la otra dimensión; aquel lugar donde la reina deVenus me había entregado el mapa.

Comprendí que el mapa era la bitácora de mi viaje y que en él había memoria específica de los lugares que había visitado y de los que aúnhabría de encontrar. Después de recordar el camino que hasta ahí me había traído, me ubiqué en el punto donde me encontraba: era Marte sin duda, el planeta rojo. Concentrado en la contemplación, de pronto sentí que mi vista pudo penetrar dentro del punto marcado en el mapa y fue entonces que logré ingresar al plano preciso del planeta donde me encontraba. Pero no podía ver todo mi futuro de un vistazo, el mapatan sólo me indicaba la dirección que tenía que tomar y una breve proyección que me permitía ver ligeramente hacia el porvenir. Así entendí que tenía que caminar por aquel desierto rojo de atmósfera rosada. Dirigido por la trayectoria marcada en la superficie de la burbuja seguí las direcciones que me llevaron hacia un profundo cañón, que más bien era como un mar seco. Pasaron las noches y los días en lo que logré llegar al fondo más profundo de ese árido océano. Abajo la temperatura era mucho más cálida que en el desierto a donde había aterrizado y se sentía que del suelo rojo brotaba un aire cálido que me hizo intuir algo extraño. Seguí avanzando y a cada paso sentí que estaba cayendo bajo los efectos de una extraña intoxicación. Las líneas del mapa se iluminaron frente a mis ojos, mostrándome un camino que era una senda de arco iris, curveando por un campo de luz. El aire cálido provocaba un efecto embriagante que me permitía ver lo que a simple vista era inadvertible. El camino que se abríafrente a mí, cambió de color y forma hasta que sematerializóuna escalera de roca que subía entre una vegetación refulgenteque parecía hecha de un metal precioso: había plantas de plata con flores de oro, como si todos los tesoros de la Tierra se hubieran convertido en aquel paraje que me invitaba a caminapor él. Sin buscar explicaciones, avancé despacio, contemplando el resplandor de la exquisita belleza que me rodeaba.

Seguí adelante subiendo por la escalera, logrando ver tan sólo unos cuantos pasos al frente, hasta que el declive disminuyó, haciéndome sentir que había llegado a la cima de una loma. Fue entonces que vi frente mí un tronco plateado gigantesco que se perdía en las alturas, mostrando a la distancia ramificaciones de las cuales colgaban frutos de oro. Me acerqué hasta la base de esa estructura orgánica y, al intentar tocar el metal, descubrí que podía traspasarlo. El paso hacia el interior del cilindro fue como un trance hacia otra dimensión. Aparecí en la antesala de una torre majestuosa. Había cuatro escaleras que subían en curva por los muros metálicos, las cuales se perdían de vista a la distancia.

¿Cuál de ellas tenía que tomar? Al fin me decidípor una yal llegar hasta su base, noté que se movía ligeramente como una manecilla de reloj. El tronco giraba continuamente cual trompo de lento movimiento. Al comenzar a subir por la escalera fue más que evidente la sensación de ir girando y, aunque detuviera mi paso, la escalera me seguía subiendo, cada vez a mayor velocidad. Llegué hasta el final del ascenso, donde comenzó un largo túnel, en cuyo fondo se podía ver el brillo de una luz intensa. Al dar el primer paso,me trasladé en un instante hasta el final del pasillo, quedando en un inmenso salón de límites indefinidos.

El silencio absoluto que reinaba fue quebrantado por una voz, similar a la mía, que dijo:

—¿Dónde estoy?

Era sin duda la voz de mi pensamiento.

—Así es —se volvió a escuchar—,soy la voz de tu conciencia.

Aquella voz parecía brotar de lo más profundo de mi inteligencia y se hizo evidente como el cristal que brota del corazón de una piedra.

—Soy el Dios que en verdad eres, la singularidad que entrelaza al universo, soy el Kin que iguala a la diversidad, el hilo que une a la materia con su fuente.

¡Eso era fantástico! La pureza de mi alma me estaba hablando desde la totalidad de aquel espacio, si es que así se le podía llamar a ese hermoso palacio. Y no era la belleza de las cosas lo que decoraba al salón sino una encantadora sutileza, como si estuviera ante la presencia de un humilde Rey.

Quería responder con la palabra más hermosa que mis labios pudieran pronunciar, pero al tratar de hablar sólo el silencio se dejóescuchar.

—No intentes usar la palabra, aquí es el corazón el que hablay la emoción quien escucha. Estás en el castillo de tus más altos ideales, en lo más profundo de tu misma alma. La reina te ha prestado la llave, el oráculo del amor. Este palacio eres tú, tu fantasía. Tuviste que viajar hasta aquí para encontrarme, siendo que siempre he estado frente a ti. El aura que te contiene es la pantalla donde esta realidad se proyecta.

Ahora comprendo, este palacio no es más que una ilusión pero la voz que aquí se escucha es una verdad imposible de negar.

—El Palacio es una cámara de preparación, para entrar en tu siguiente existencia. Digamos que estás a punto de nacer a un nuevo mundo, pero antes de adquirir tu nueva forma has venido aquí para recordar quien eres en realidad y a dónde es que te diriges. En Marte, la vida que existe está oculta en planos de energía distintos a los que hasta ahora conoces. Para lograr entrar enel mundo marciano,tienes que dejar el cuerpo que hasta aquí te ha traído y adquirir uno nuevo. Cuando hayas logrado la misión de rescatar el segundo oráculo, la siguiente puerta dimensional, podrás volver a tu condición humana y continuar con tu misión. Digamos que has muerto, y al hacerlo se te ha brindado la oportunidad de confrontar a tu conciencia, de presentarte ante tu Dios.

El brillo disminuyó por un instante dejándome ver frente a mí una gran mesa de piedra roja, como un altar. No supe si inclinarme ante él o ignorar su presencia. Mientras trataba de encontrar la razón por la cual aquel objeto se había aparecido, se me ocurrió recostarme sobre de él para continuar en mis reflexiones. Al hacerlo sentí quemi cuerpo quedabainerte cual si hubiera caído en un profundo sueño, y no podía despertar. Por más que intenté moverme, me fue imposible recobrar el ánimo que hasta ahí me había traído. Cuando calmé la desesperación y me entregué sin temor a la muerte, volví a escuchar a la voz que decía:

—Tu cuerpo humano permanecerá dormido en esta cápsulapara que tu espíritu pueda encontrar forma propia en el mundo marciano.

En ese momento dejé de luchar contra la muerte y sentí quemi cuerpo caíaen un letargo profundo, al tiempo que una parte etérea de mí se desprendió de la forma, fundiéndose a la luz que inundaba el salón. Me sentí como una gota que había vuelto al mar, aquella sensación de éxtasis pareció durar un segundo o una eternidad, hasta que la sustancia que me contenía comenzó a bullir, como si el líquido luminoso estuviera a punto de hervir. Y fue entonces que salí despedido, el salón del palacio adquirió color y forma, como una realidad que hasta entonces no había podido percibir.

 

 

 

—¡Es un niño hermoso! —dijo la comadrona al recibirme entre sus manos.

Luego me colocó entre los brazos de mi madre quien se enjugó las lágrimas del dolor para mostrar una sonrisa de plena satisfacción.

—¡Es mihijo! —dijo—,el que tanto había yo deseado. Lo llamaré Crisol pues sus ojos parecen fundidos en oro.

Tanto la matrona como mi madre me parecieron seres hermosos: su piel era blanca y su cuerpo delgado como el de un niño mal nutrido, su cabeza en forma de óvalo era desproporcionalmente grande en relación al cuerpo, pero parecía no pesarles pues la movían en forma muy expresiva. Y sus labios prácticamente no se movían sino que las palabras parecían salir de sus ojos que brillaban con una fuente propia de luz. La matrona tenía ojos color esmeralda y los de mi madre parecían ser de bronce pulido. Mientras contemplaba la amorosa mirada de mi madre,sentí que llegaron muchos otros marcianos a verme. Al voltear, vi a una decena de personajes con cuerpos parecidos pero sus ojos eran de toda variedad de colores y brillos. Uno a uno me fueron cargando y cada quien me decía alguna hermosa frase de bienvenida, como si supieran que yo entendía con perfecta claridad. Entre ellos reconocí a mi padre y a mis hermanos, a mis abuelos y a mis tíos, ¡una familia alegre sin duda!

Nacer a la realidad marciana fue un paso importantísimo en mi proceso de evolución. En este nuevo mundo los cuerpos no eran de la misma consistencia tangible que yo conocía. La materia estaba conformada de energías sutiles que se hilaban en cuerpos animados. El haber sido humano pareció perderse en mi memoria mientras comencé a comprender mi nueva condición.

Mis parientes se retiraron, dejándome acurrucado entre los brazos de mi madre. Cuando desperté,ella me enseñó a caminar, lo cual aprendí en un instante. Luego me dio de comer un alimento gelatinoso que era la dieta de los marcianos. En fin, en un día supe todo lo que tenía que saber para sobrevivir en el mundo al cual acababa de llegar. Para el segundo día,mi cuerpo había crecido casi hasta las mismas dimensiones que el de mis hermanos, por lo cual mi madre ya no me puso atención especial y me mandó a la escuela con el resto de los niños.

—¡Pero si apenas acabo de nacer! —me quejé cuando supe que tenía que asistir al colegio.

—La vida es corta, hijo —explicó mi padre—,y tienes que aprovechar el tiempo para que alcances a cumplir tu destino y puedas continuar hacia otros niveles de existencia.

No puse en duda la palabra amorosa de mi progenitor y dejé mi casa para dirigirme, junto con mis hermanos, a la escuela.

El camino de la casa a la escuela fue fascinante, el paisaje marciano, lejos de ser un desierto de piedra roja, era un paraje lleno de plantas plateadas que daban flores brillantes como el oro. Las casas y los edificios tenían forma esférica y estaban construidos utilizando como materia prima los pétalos dorados de las flores. En el cielo no se veía el sol brillar sino que toda la atmósfera estaba iluminada por una bruma de tono rosado.

El colegio era una esfera enorme sin divisiones en su interior. Tan pronto como entré, escuché una voz de introducción que me dijo:

—Tu aprendizaje empieza desde que pones pie dentro del salón de clase.

La voz del maestro se me hacía familiar, pero, ¿dónde estaba?

—Estoy en todas partes y dentro de ti, soy la conciencia que une a todos y que puede mostrar el camino hacia niveles más amplios de entendimiento.

¡Ah!, la voz del maestro era aquella que había escuchado poco antes de nacer. Este asunto de asistir a la escuela se ponía interesante.

—El sólo hecho de que hayas tomado forma en este plano —explicó el maestro—,implica que ya tienes un determinado grado de evolución. Antes de llegar hasta aquí tuviste que haber pasado por la dimensión de la materia, probablemente estuviste en esa forma de existencia varias vidas. El ciclo de encarnaciones es necesario para que un espíritu, candidato a continuar en el proceso evolutivo, siga adelante. Cada vida es un giro en laespiral de la conciencia, y los ciclos terminan cuando un ser ha llegado a su origen; esto es, ante la presencia de Dios.

De pronto, al silenciarse la voz, el salón quedó en una oscuridad absoluta, como si alguien hubiera apagado la luz. En la cúpula interior de la esfera comenzaron a brillar las estrellas, la neblina rosa se había despejado. Entre ellas había una que emitía una luz azul y brillaba con mayor intensidad que las demás. Al enfocar mi vista fue como si un lente poderoso me acercara hacia ella. Reconocí al planeta Tierra mientras la imagen se centraba hacia un lugar específico que reconocí comoel área donde viví en mi tiempo humano.

—En tu paso por la vida carnal tuviste que tropezar en innumerables ocasiones, con el objeto de adquirir enseñanza —volvió a decir el maestro mientras en la pantalla aparecieron imágenes de mi vida como ser humano.

—En tu proceso de aprendizaje,también fuiste descubriendo las virtudes de la humildad y la compasión —las escenas se sucedían unas a otras haciendo una rápida remembranza de los momentos importantes de mi vida—.Llegaste a comprender y a practicar el amor incondicional y fue entonces cuando estuviste listo para dejar ese plano de existencia.

La luz del salón se encendió y entonces me percaté de que me encontraba solo: sin que me hubiera dado cuenta, mis compañeros se habían esfumado.

—Cada quien tiene su propio código que descifrar, cada uno percibe a Dios de manera distinta, por eso es que las clases se imparten de forma particular —explicó el maestro.

—Pero si al entrar a la escuela, desde afuera vi que había sólo una esfera, ¿dónde están mis compañeros?

—Este mundo es el paraíso de la ilusión, cualquier cosa que veas puede no estar o esconder distintas facetas que no te corresponde vivir. Por ejemplo: tú viste un sólo salón de clase, siendo que había tantos como alumnos hay. Las formas que ves están ahí por algo, son ilusiones que se han revelado ante tus ojos, mostrándote el camino que debes de seguir. Por eso es que tienes que aprender a encontrar el simbolismo que la forma representa.

Todo aquello era muy extraño y novedoso, pero de cierta forma lo comprendía, tenía sentido. De hecho, durante mi vida humana ya había aprendido a dejarme guiar por los símbolos que se presentaban a mi andar, sólo que aquí en Marte los sentidos percibían únicamente lo que tenía que ver. Entonces recordé el gran palacio de plata con flores de oro donde fui recibido a esta dimensión. Relacioné aquel lugar con las plantas que logré ver en mi camino hacia la escuela. ¿Será que esas visiones eran símbolos también? Seguramente así era, ya que las señales siempre se presentan dos veces, bueno cuando menos eso fue lo que aprendí en mi vida como terrícola. Cuando una forma, una persona o una palabra reinciden,no es por casualidad, más bien son guías del destino para quien las puede reconocer.

—Olvida tu pasado humano —continuó diciendo el maestro—.Lo que aprendiste en esa vida ya está grabado en tu memoria subconsciente. Aquí tu destino está abierto y los símbolos se te irán apareciendo de acuerdo a lo que en tu libertad elijas. De hecho, esta vida marciana es tan sólo un trance en el proceso de tu aprendizaje. Durante tu estancia en esta dimensión,tendrás la opción de elegir la misión concreta que quieres desempeñar. Por lo pronto,ya sabes que hay un plan maestro para que los dioses retornen a la galaxia.Tú has tenido la suficiente sensibilidad para darte cuenta y se te ha dado la oportunidad de convertirte en guerrero. Pero la batalla que tendrás que librar apenas comienza. Cuando visitaste a la reina de Venus,ella te mostró el oráculo del amor, ese es un pasadizo hacia el lugar donde los dioses residen. Las puertas del oráculo aun no pueden ser abiertas de par en par, pues antes hay que desterrar de la galaxia a las fuerzas sombrías que han invadido el Sistema Solar.

Sí, la reina venusina me había explicado todo aquello, pero, ¿cómo ayudar a eliminar esas energías que impiden que los dioses vuelvan?

—Después de esta misión,tendrás la opción de reencarnar nuevamente en la Tierra y servir de emisario, preparando el camino para cuando los dioses regresen. Esa es una alternativa, pero también podríasoptar por renunciar por completo a tu condición humana y emplearte en la difícil tarea de viajar a Júpiter y Saturno y enfrentarte a las fuerzas sombrías en sus dominios. Si tomas esa alternativa,antes tienes que encontrar una semilla de luz e irla a sembrar al planeta más cercano al Sol y de esa manera ganar terreno en la batalla.

En ese instante,una serie de campanas comenzó a sonar dentro de la cúpula y se escuchó el bullicio de los niños que salían de sus clases. El salón se llenó de los pequeños marcianos que se disponían a salir de la escuela para regresar a sus casas. Salí de la gran cúpula del colegio, afuera la vegetación parecía más abundante que cuando entré. Las pequeñas plantas con flores de oro habían crecido hasta quedar convertidas en grandes árboles, algunos de los cuales estaban cargados de frutos dorados que me atraían seductores. Le hice ver a un compañero de ojos violeta mi observación y juntos trepamos por las ramas plateadas del árbol desde donde logramos alcanzar los frutos dorados. Nos sentamos en unas ramas donde nos sentimos cómodos y a un mismo tiempo probamos el fruto que cada uno había recolectado. ¡Mmmmmm! ¿Cómo describir aquella delicia? Fue como dejar que un fuego encendido penetrara en lo más gélido de mi ser, o como haber encontrado un manantial de aguas cristalinas en medio de un infierno. El de los ojos color violeta y yo nos volteamos a ver, compartiendo las delicias del maná que habíamos descubierto. Traté de decir algo, cualquier cosa que expresara la emoción que empecé a percibir, pero de mis labios no salieron las palabras que en mi mente había y me conformé con mirar expresivamente a mi compañero. Al parecer él también tuvo la misma experiencia pues parecía querer hablar, pero sus ojos decían más que su silencio y en ellos me pareció ver proyectada su alma.

Estuvimos sobre el árbol hasta que nos acostumbramos al estado de éxtasis. Antes de bajarnos,cada uno cortó un fruto para llevar. Me despedí de mi compañero mediante un fuerte abrazo y, al hacerlo, fue como si hubiéramos unido nuestras dos almas en un acto de amor. Con ánimo regocijante me dirigí hacia mi casa;en el camino descubrí cientos de formas de vida que ocupaban el mismo espacio de Marte pero en otros planos dimensionales. Enmedio del bosque logre ver a unos seres rechonchones que se reunían a bailar y a cantar en divertidas fiestas y que al momento de acercármeles desaparecían. Igualmente, en las copas más altas de los árboles, había casas que parecían nidos donde vi unas criaturas hermosas con alas de libélula y cuerpos humanos. Estas misteriosas hadas se reían continuamente y se acercaban hacia mí, pero siempre ocultas, coqueteando con sus murmullos que apenas se escuchaban.

Cuando al fin llegué a la casa de mis padres, mi madre me esperaba preocupada, al ver que en mis manos cargaba frutos luminosos me reprimió diciendo:

—¡Ay niño!¿No sabes que esos frutos están prohibidos?Te pueden volver loco.

—Prueba,mamá —le extendí la esfera dorada a mi madre.

Ella volteó la cara ofendida,pero ante mi insistencia pareció interesada en la experiencia.

—¿Y qué se siente? —preguntó.

—Es como abrir las percepciones hacia las distintas formas de vida que coexisten en este plano; es ver lo que hay en las otras dimensiones.

—Pero ese conocimiento les corresponde a los magos y a los sabios, no a un marciano común y corriente como tú.

—Lo siento madre,pero en la escuela aprendí que en realidad tengo una misión importanteque desempeñar. Tal vez es por eso que se me permitió probar estos frutos.

—Bueno, tú sabes lo que haces hijo, ya estás suficientemente grande para decidir tu destino y juzgar quées correcto para ti.

De pronto me sentí cansado, el día había sido largo y tuve una necesidad urgente de dormir. Me disculpé con mi madre entrando a una habitación donde algunos de mis hermanos ya dormían, me acurruqué entre ellos y cerré los ojos.

Cuando desperté,tomé el fruto luminoso que me había sobrado del día anterior y salí hacia la estancia donde mi familia se encontraba reunida. Después del desayuno,estaba dispuesto a dirigirme a la escuela para continuar con mi aprendizaje, pero mi padre comprendió mi intención y dijo:

—Ya eres todo un hombre, hijo, tienes que olvidarte de los tiempos de estudiante y concentrarte en la misión que te han revelado.

¿Cómo?, ¡el ritmo de vida era tan rápido! Tal vez esta existencia marciana era únicamente un vistazo al mundo invisible, una ventana hacia las otras dimensiones. Si así era, tal vez mañana estaría convertido en un anciano y pasado mañana al borde de la muerte. Había que moverse rápido, actuar con energía para lograr concretar mi misión.

Salí de casa temprano por la mañana llevando en mi mano el fruto dorado que me había sobrado del día anterior. Como por costumbre,me dirigí hacia la escuela pero al momento de entrar en la cúpula escuché a la voz de mi conciencia decir:

—Tú ya no necesitas venir a clases, ahora tienes que seguir adelante en busca de los elementos necesarios para concluir la obra de tu vida.

No cuestioné la afirmación y continué andando por el bosque de árboles plateados. Encontré una vereda que me llevó hacia una zona donde lo árboles eran tan altos que se perdían de vista en las alturas. Mientras admiraba las flores de oro que brillaban como soles en el cielo, alguien caminó hasta míy dijo:

—Parece ser que el destino nos ha vuelto a reunir.

Era mi compañero de los ojos color violeta quien, al igual que yo, cargaba el fruto dorado que había recolectado el día anterior. Era muy extraña aquella reunión en ese lugar tan oculto del bosque, parecía como si hubiéramos tenido una cita para encontrarnos ahí. Entonces recordé el abrazo amoroso que nos dimos antes de despedirnos el día anterior y sentí un impulso de tomarlo entre mis brazos, pero antes pregunté:

—¿Tú eres un hombre o una mujer?

Me miró extrañado con sus ojos morados y respondió con la misma pregunta:

—¿Y tú?

Observé mi cuerpo tratando de encontrar algo que me identificara como hombre o mujer, también busque en el cuerpo de mi compañero a ver si era distinto almío, pero no, en verdad ningunode los dos teníamos definido el sexo. ¡Los marcianos éramos seres andróginos!

Celebramos el descubrimiento dándonos un abrazo de mutua fraternidad.Al hacerlo,nuestros cuerpos parecieron fusionarse y, al momento de separarnos, entre nosotros apareció un niño recién nacido que abrió sus ojos y nos volteo a ver a ambos. ¡Uauu!, el niño era un producto fiel de nuestro amor y sus ojos brillaban con los colores del espectro. Cuando nos vio a ambos, él mismo decidió que el ser de los ojos violeta sería su madre y así yo me convertí en padre.

Los pétalos de las flores doradas comenzaron a caer a nuestro alrededor y los aproveché como materia prima para construirun hogar para mi familia. No fue difícil la labor y cuando terminé me recosté entre mi hijo y mi amor a descansar del largo díade trabajo.

Al despertar, mi hijo ya estaba listo para su primer, y únicodía de clases. Una vez que el chiquillo se marchó, mi amor me dio un cariñoso abrazo y al separarnos otro chiquillo más apareció.

—Yo me quedaré en casa a cuidar de nuestro hijo —dijo mi amor—,tú sal al bosque a continuar con tu misión. La vida es corta, amor mío, yo sé que tienes que encontrar la razón de tu existencia.

Antes de salir de casa,desayuné el fruto dorado que había guardado. Cuando estuve a la intemperie mis percepciones sufrieronunaalteración: veía a las piedras derretirse como si fueran de cera y las plantas se movían, utilizando sus raíces como piernas. Entre la multitud de árboles que corrían de un lado aotro reconocí a aquel que me había dado el fruto que acababa de ingerir.

—Señor árbol —le grité, queriendo agradecerle por los dones que me había compartido.

El árbol detuvo su andar al escuchar mi llamado, pero cuando traté de acercarme, salió corriendo montaña arriba. Lo seguí a la distancia, esquivando a plantas y árboles que andaban como locos de un lado a otro. Sin darme cuenta,llegué a la cima de una enorme montaña donde el árbol que perseguía me esperaba. Me detuve al pie de su tronco y le agradecí por los frutos que me había dado. El señor árbol pareció no escucharme y empezó a enterrar sus raíces hasta que quedó plantado en el lugar. Ante mis ojos creció de manera acelerada como si con sus raíces hubiera alcanzado un manantial subterráneo. Llegó tan alto que perdí de vista sus ramas y su tronco ocupó la mayor parte de la cima. Fue entonces cuandoreconocí aquel sitio;erael mismo lugar que había penetrado recién llegué a esa dimensión marciana.

De un paso traspasé el tronco y estuve al pie de la escalera, subí por ella hasta llegar al salón luminoso donde, en el centro vi a mi cuerpo humano recostado, suspendido en el aire. Entonces volví a escuchar la voz de mi conciencia decir:

—Has vuelto a tu origen. Seguiste la senda de los símbolos y ahora tienes la opción de volver a tu realidad humana o continuar en tu misión galáctica.

Después de haber probado las dimensiones alternas,me era muy difícil pensar en volver a ser humano. Como si con sólo pensarlo hubiera tomado mi decisión, mi cuerpo humano se desvaneció y en su lugar quedó un fruto luminoso. Penetré la burbuja y, al tomar la esfera entre mis manos, la voz de mi conciencia dijo:

—Este fruto contiene la semilla que tienes que sembrar en el primer planeta, será una misión difícil y tienes que llevarla a cabo con rapidez.Al lograrlo,habrás ganado territorio para los dioses y estarás listo para confrontar a las fuerzas de la oscuridad.

Quise hacer una pregunta pero en ese momento la luminosidad que me rodeaba comenzó a perder brillo ya mialrededor, el planeta rojo volvió a aparecer como un desierto inhóspito, sin rastro alguno de vida. Apenas pude distinguir el lugar donde había aterrizado inicialmente.Entonces mi nave salió proyectada hacia los cielos, sobrepasando la atmósfera del planeta rojo.

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