CAPÍTULO CUARTO

Screen Shot 2018-12-10 at 7.11.49 PM         Llevando una trayectoria elíptica me dirigí hacia mi siguiente objetivo. Desde la distancia,Júpiter se escuchaba retumbar como si fuera un Sol a punto de iniciarse, o como si una enorme ciudad estuviera rugiendo cual un monstruo con vida propia. Todavía me faltaba bastante distancia para alcanzar las lunas que giraban alrededor del enorme planeta. Fue grande la sorpresa que me llevé al pasar cerca de una luna: desde ella me hicieron señas con la luz intensa de un potente faro. Cambié la trayectoria y me dirigí hacia ella, y vaya sorpresa que me llevé al ver que toda la redondez de esa luna estaba poblada. Desde las alturas vi que la superficie estaba saturada de domos gigantescos que se traslapaban unos con otros, cubriendo todo el espacio, lo que no me dejaba un campo donde aterrizar. En eso divisé la luz que me había llamado y hacia ella me dirigí. La estructura de donde la luz provenía abrió sus grandes escotillas y entré hacia lo que parecía ser un puerto de embarque espacial. Con luces de distintos colores fui dirigido hacia un embarcadero que era una especie de aduana. Pero no había seres vivientes con quienes tratar, sino que los guardias y agentes eran todos robots, algunos con brazos y piernas mecánicas, mientras que otros eran cubos o cilindros con ruedas. Los muros del lugar al cual fui guiado estaban completamente tapizados por computadoras con ojos electrónicos que me observaban con detenimiento.

Entonces un robot detuvo mi camino y me hizo entrar por una escotilla hacia un pequeño cuarto donde fui rociado con gases de colores, que deben de haber sido insecticidas contra alguna plaga. Después de la desagradable fumigación,pasé a otro cuarto donde un robot de dimensiones gigantescas me habló con voz electrónica, diciendo:

—Muéstremesu “chip” de identificación. Muéstreme su Chip de identificación.

Cuando el guardia vio que yo no tenía lo que me pedía,dio cierta orden ydesde las paredes que se encontraban detrás de mí, surgieron unos tentáculos que me apresaron, manteniéndome inmóvil.Otro tentáculo,que tenía un ojo electrónico en unextremo,me revisó de pies a cabeza husmeando cada detalle de mi pequeño cuerpo marciano. Al fin pareció encontrar algo a la altura de mi cintura y permaneció allí hasta que oí al guardia-robot decir:

— Eres X-115533, miembro de la tribu H-228855 de tu planeta.

—¡Ah! —respondí una vez que me liberaron.

—Bienvenido a la Luna XII-2, tienes autorización para moverte con libertad por el nivel A de este satélite. Si tienes la intención de visitar otros niveles,necesitarás pedir los permisos correspondientes en las oficinas migratorias. En caso de que se te sorprenda fuera del territorio restringido para tu tránsito,serás deportado a tu planeta de origen y no se te permitirá volver a visitar esta luna o ningún otro satélite de Júpiter. ¿Está todo claro y entendido,X-115533?

Asentí con la cabeza, a lo cual el robot elevó el volumen de su voz y repitió la pregunta:

—¿ESTÁENTENDIDO?

—Sí, señor —respondí.

—Adelante, puede usted pasar,bienvenido.

¡Vaya bienvenida!, ¡qué hipocresía! Bueno, es un robot, tal vez en su memoria está programado paracomportarse de esa manera. No me gustaría conocer a la gente que lo programó.

Una escotilla eléctrica se abrió a mi lado dejándome pasar hacia un pasillo de muros metálicos. Avancé por aquel pasadizo hasta llegar a uno de los grandes domos que había visto antes de aterrizar en esa luna. Y en efecto, dentro de aquella cúpula gigantesca había una gran ciudad en la que había edificios, calles y vehículos que cruzaban por los aires. Al dar el primer paso hacia una de las calles,casi y me atropellan, pero logré saltar a tiempo. Claro que el conductor del pequeño móvil volador me gritó una serie de insultos antes de alejarse. ¡Este lugar se estaba pareciendo a cualquier ciudad de la Tierra! Era una jungla urbana sin duda. El retumbar continuo de los aparatos y motores, el ruido de los cláxones, las sirenas, las alarmas, todo daba a entender que había vuelto a mis orígenes humanos. Pero los seres que transitaban en sus vehículos o se trasladaban en sus cápsulas de aquí para allá eran todos marcianos. Traté de enterarme dónde me encontrabarealmente, pero al preguntarle a un transeúnte, este me esquivó diciendo que no tenía tiempo. Todo mundo se trasladaba con prisa de un lado a otro. Vi que había distintos niveles de tránsito, a diferentes alturas. Igualmente los edificios tenían entradas y salidas que servíana los que transitaban en cada nivel. Los que ocupaban el espacio más alto viajaban en naves sofisticadas que avanzaban a altas velocidades y hacían acrobacias y piruetas por los aires. En el nivel medio,habíacápsulas metálicas o aviones pequeños, y en el nivel más bajo había multitud de peatones que caminaban por bandas, formando enormes columnas de gente.

Ya que ninguno de los caminantes a los que me dirigí me había querido ayudar, decidí subir a los siguientes niveles de tránsito. Utilizando mi burbuja para trasladarme, me elevé ante las miradas sorprendidas de la multitud. Provoqué tal atención hacia mí que ocurrieron choques entre los conductores que se habían distraído al verme. De inmediato,se escucharon las sirenas y vi que varias patrullas voladoras se acercaron a toda velocidad. Sin detenerme para averiguar a quién reprenderían, me di a la fuga entrando en el primer edificio que vi.

El lugar era una enorme plaza comercial. Los que llegaban en vehículos los estacionaban en un área central por donde pasaban elevadores que llevaban a los diferentes pisos de la plaza. Me extrañó que en aquella sofisticada civilización no hubiera seres que volaran en burbujas como yo, evidentemente provoqué gran conmoción entre los que me vieron elevarme, así es que decidí no utilizar el poder de mi burbuja más que en casos de extrema necesidad. Caminé por uno de los pasillos de lo que, como había supuesto, era un centro comercial. Había tiendas de ropa, de aparatos electrónicos y mecánicos, en fin, todo era muy parecido al planeta Tierra, la única diferencia era que la tecnología era un poco más avanzada y que los ciudadanos probablemente ni siquiera eran nativos de aquel lugar.

Mientras estudiaba el comportamiento y los hábitos de la gente, sentí que alguien me detenía, y al voltear hacia abajo,vi a un niño que me preguntó:

—Tú no eres de aquí, ¿verdad?

El chiquillo me miraba con emoción, como si en mí hubiera percibido algo peculiar que me distinguía.

—No, yo soy del planeta Tierra.

—¡Qué! —gritó sorprendido.

—Shshshsh. No digas nada —le advertí antes de que hiciera mayor alarde—,estoy en misión secreta.

El niño pareció entender mi preocupación yen voz baja, dijo:

—¿Nos vas a invadir?

—No —respondí en voz baja también—,estoy aquí para ayudar a liberarlos de las fuerzas que tienen invadida a la galaxia.

—Ah, ya veo, quieres revelarte contra los Saturnos.

—Sí, supongo.

—Debestener mucho cuidado —advirtió el pequeño—,hay cámaras que nos están vigilando —y discretamente me señaló hacia cierta dirección donde había cámaras de video apuntando entodas direcciones—,donde quiera que estés eres vigilado, y peor aúnsi compras algo, pues entonces las computadoras tendrán registro de ti.

—Por eso no me preocupo, ni siquiera tengo dinero —dije.

—No necesitas dinero, todo lo que adquieras te lo abonan a tu cuenta y lo registran mediante tu chip. ¿Si tienes un chip?, supongo.

—Pues sí, parece ser —y le señalé hacia mi cintura donde el ojo electrónico de la aduana me había registrado.

—Sí, allí está.

El niño me indicó el papel que la reina Venus me había dado, el cual se había adherido a mi cintura como una calcomanía.

—¿Entonces, aquí todo funciona en base a la información que hay en el chip? —pregunté.

—Así es, mediante esa tarjeta nuestros gobernantes mantienen tu historia personal y dirigen tu destino.

En ese momento la madre del niño llegó por él y, al ver que platicaba conmigo, lo tomó de la mano y lo alejó a toda prisa.

Me quedé parado por un momento, sorprendido por la reacción defensiva de la madre, ¿será que la gente de la ciudad es capaz de hacer daño a los niños? Bueno, pero yo no podía hacer nada por cambiar a los demás y si mi misión era lograr ese cambio, tendría que ser a nivel colectivo. Con mil ideas en mi mente,deambulé por los pasillos y corredores del centro comercial. Mientras caminaba,vi un elegante comedor y al asomarme y ver la comida, me dio mucha hambre. Un mesero salió a mi encuentro y como buen vendedor me invitó a entrar en su negocio. Desde que ingresé me pasóun ojo electrónico por la cintura. El mesero esperó frente a una pantalla para ver la lectura y, cuando llego la respuesta, se me quedó mirando con intriga.

—Pero pase señor —dijo después de un rato—,le voy a dar la mesa preferencial y una botella del vino de la casa como cortesía. ¡Es un honor tener a alguien de su casta en este humilde negocio!

Todo era muy raro.¿Yo, un ciudadano de alta casta en un planeta extraño?, ¡qué locura! Pero me dejé atender como tal y gocé de todos los manjares que me ofrecieron. La gente que se sentaba en las mesas que me rodeaban, al ver el servicio que se me daba, me miraban con intriga, tal vez pensando que yo era un hombre importante o famoso.

Cuando terminé de comer,salí del restaurante y los empleados de los demás establecimientos como que ya se habían enterado de mi presencia pues salieron de sus puestos para inducirme a pasar a sus establecimientos. Acordándome del consejo que el niño me había dado, me abstuve de hacer compras innecesarias y me retiré hacia otro espacio donde pudiera pasar desapercibido. Encontré un área con bancas y ahí me senté, observando a la gente pasar. Era extraño ver a los marcianos vestidos con ropa de moda y a las mujeres distinguirse por usar maquillaje, pelucas y toda serie de adornos y decoraciones. Las personas que yo había conocido en Marte eran sencillas y humildes; felices en su condición. Pero esos seres civilizados, aunque revestidos de ropajes y lujos de que los otros no gozaban, tenían semblantes tristes y desganados.

Mientras observaba a la gente pasar, vi que entre la multitud una persona venía directamentehacia míy, al llegar, preguntó:

—¿Cómo le hiciste para volar de esa manera?

Parecía una persona amigable, pues al preguntar sonreía con expresión de asombro. Me estrechó la mano y, al hacerlo, se quedó mirando la membrana de la burbuja que me cubría:

—¡Qué bonito resplandor! —dijo.

—¿Cómo sabes que puedo volar? —le pregunté.

—Te vi hacerlo, en la calle. ¡Increíble!

—Fue precisamente la burbuja luminosa la que me permitió volar —le dije.

—¿Dónde la compraste?, o, ¿cómo le hiciste para adquirirla?

No pude más que reír ante la curiosidad del personaje aquel.

—La verdad es que este traje salió del Sol, yo lo único que hice fue seguir las instrucciones de un libro.

—¿Qué libro?

—Uno que leí en el planeta Tierra.

—Espera, no comprendo, si en la Tierra no hay vida.

—¡Cómo crees!, claro que hay vida.

—¡Qué raro!, a nosotros siempre nos han dicho que no hay vida en el planeta azul.

Se notaba que el individuo era marciano, pero para saciar mi duda le pregunté:

—¿Tú eres de Marte, no?

—Mis padres vinieron de Marte pero yo soy nativo de esta luna. Lo que pasa es que las lunas de Júpiter están habitadas por personas de los planetas conquistados.

—En verdad no entiendo, explícame por favor —e invité al hombre a sentarse en la banca conmigo.

—Te voy a platicar lo que quieres saber, pero tú me tienes que explicar cómo le haces para volar.

—Está bien, adelante.

—Mira, lo que pasa es que hace mucho tiempo hubo una colonización galáctica hecha por los Saturnos. Ellos llegaron desde otra galaxia y después de asentarse en Saturno,viajaron hacia todos los demás planetas del Sistema Solar y establecieron colonias en aquellos territorios donde tuvieron interés. Se dice que sólo encontraron vida en Venus y Marte, que en Mercurio y en la Tierra no había posibilidad de vida. Pero ya veo que todo era un engaño por parte de nuestros líderes.

—¿Quiénes son los líderes?

—Los de Saturno. Ellos prácticamente no visitan las colonias pero controlan todos los sistemas y desde aquí solamente los podemos ver a través de la imagen.

—¿De la imagen?

—Existen unos aparatos llamados cajas de imágenes.

—¡Ah! —lo interrumpí—. ¿Televisores?

—Imágenes —respondió él—,aquí les decimos imágenes. Bueno, el caso es que a través de esos aparatos, que por cierto puedes adquirir en cualquiera de estas tiendas, los Saturnos nos dirigen y controlan.

—Pero, no entiendo, si tú eres de Marte, ¿cómo es que has llegado aquí?

—Las lunas de Júpiter son muy importantes para los Saturnos pues aquí es donde está toda la planta productiva de la economía. Verás, lo que pasa es que Júpiter es un planeta inhabitable, o al menos esose dice, pues está compuesto de gases en estados moleculares alterados. Es como si quisiera convertirse en un Sol. Y esa energía fue justamente la que los Saturnos descubrieron y utilizan para hacer funcionar su equipo y maquinaria. Por eso existen estos centros lunares de producción, pues la energía necesaria se extrae de Júpiter.

—¿Pero cómo es que los marcianos llegaron hasta aquí?

—Hacia eso voy. Lo que pasa es que los Saturnos ya no pueden efectuar trabajos manuales, pues están muy ocupados con su tecnología y necesitan la mano de obra marciana para que el aparato productivo funcione. Al colonizar nuestros planetas, los Saturnos no pretendían una invasión sino tan sólo utilizarnos como fuerza laboral en estas estaciones.

—¿Qué me dices de los venusinos?

—Hay otras estaciones lunares donde trabajan los venusinos. Esto lo sé gracias a la imagen, a través de ella se mantiene a las colonias comunicadas. Estamos separados porque nuestras condiciones de subsistencia son distintas.

—¿Sabes algo de la reina de Venus?

—Ella es un oráculo, venerada por su gente. Los Saturnos la dejan en paz, siempre y cuando preste la mano de obra que ellos necesitan. Pero la reina es un símbolo de un antiguo orden, de una tradición casi perdida.

—¿Y qué me dices de los marcianos, tienen ustedes un rey?

—No, en Marte hay igualdad, nadie es más o mejor que nadie, todos somos compañeros y por naturaleza nuestro único guía es el sentido común. Pero cuando los Saturnos llegaron,nos dejaron cautivos por la fuerza de la imagen y nos convertimos en fácil presa para ellos. Me da pena decir esto, pero los marcianos hemos vendido nuestra libertad e independencia por pretender vivir como viven en Saturno. Lo bueno es que la gente que permaneció en Marte sigue viviendo humildemente, y de esa manera mantienen la tradición.

—¿Cómo son los Saturnos?

El hombre se puso de pie y me indicó que lo siguiera. Caminamos por el centro comercial hasta llegar a una tienda de aparatos de imagen. En realidad era la misma tecnología que se usa en las televisiones pero con distintos diseños. Una de las pantallas estaba encendida y nos acercamosa ella.

—Ellos son los Saturnos —dijo el marciano.

En la televisión aparecían hombres y mujeres, pero en caricaturas, dibujos animados de seres con formas humanas pero exageradas. Todos los hombres tenían cuerpos fornidos, facciones rectas y ojos azules, mientras que las mujeres gozaban de cuerpos sensuales, cabellera rubia y rostros radiantes.

—¡Pero son caricaturas! —dije a punto de soltar una carcajada.

—¿Caricaturas?

—Sí, lo que veo son dibujos animados.

—No sé de qué me hablas. Lo que estás viendo son seres de Saturno. ¡Son hermosos en verdad!

Asentí con la cabeza y, después de observar las caricaturas, le pedí a mi amigo que saliéramos a sentarnos en la banca. Cuando estuvimos allí yo me encontraba pensativo, tratando de entender quiénes eran en realidad los Saturnos que se escondían tras la máscara de su imagen.

—Ahora tú me tienes que enseñar cómo volar —dijo el otro.

—Te voy a platicar del libro que leí antes de desarrollar la facultad de volar, mas no sé si tú puedas hacerlo.

—Platícame, ¿de qué trata el libro?

—El libro habla de aprender a vivir sin tantos lujos ni necesidades creadas. Dice que los estados de gozo más altos sólo son alcanzados cuando un ser ha logrado desprenderse del deseo desmedido por obtener beneficios materiales. La obra de la que te hablo se titula “El libro del Sol”, y supuestamente es un conocimiento cósmico que había sido ocultado en el tiempo, pues había fuerzas que nos alejaban de nuestra razón de ser.

—”El Libro del Sol”, suena muy interesante. Dime más.

—Bueno, el caso es que el libro habla del tiempo y de la relatividad de la materia. En él se explica que hay dimensiones alternas, con vida propia, coexistiendo en distintos niveles de vibración. Claro que esto lo explican desde la perspectiva del planeta Tierra. Los seres humanos no son capaces de reconocer a un marciano a simple vista, su rango de percepción no alcanza a definir los cuerpos sutiles que existen en Marte.

—Si tú eres humano, ¿cómo le hiciste para entrar en el mundo marciano?

—Al leer el libro comprendí todo esto que te estoy explicando. A través de ese entendimiento fui rompiendo los límites de mis percepciones sensoriales, hasta que finalmente logré ver todo aquello que es invisible para el ojo humano. Entonces fue cuando vi que desde el Sol salieron unas burbujas espectrales y mediante ellas pude emprender el viaje planetarioe interdimensional que estoy llevando a cabo.

—¡Uauuu!, esto que me platicas es en verdad una revelación. Tal vez tú hayas abierto un pórtico galáctico para que las distintas dimensiones y los distintos espacios se comuniquen.

—Ya lo estamos haciendo,amigo. Ahora lo importante es mantener vivo este conocimiento, como si fuera una llama en medio de las tinieblas y tratar de esparcirlo para ocasionar un incendio y que nada pueda sofocar el poder del entendimiento.

—Sí, ya entiendo. Los conceptos que me explicas son muy parecidos a la antigua tradición.

—Pues claro —dije—,la tradición del Sol: el pórtico dimensional local.

—Sabes cuál es el problema —dijo el marciano—,que nosotros ya no vemos al Sol, y ni siquiera nos dejamos acariciar por sus rayos. La forma moderna de vida nos ha aislado dentro de estas cápsulas y pasamos la vida entera sin jamás contemplar un amanecer o un atardecer.

—Sí, puede ser que esa sea una de las causas por las cuales perdimos el conocimiento cósmico. Algo muy parecido pasa en la Tierra.

—¿De verdad?, ¿entonces no todos los terrícolas son capaces de volar y hacer viajes interdimensionales como tú?

—¡Bueno fuera!, pero no. Mira, la mera verdad no lo sé, pero me imagino que sólo aquellos que recibieron el mensaje del Sol lo pueden hacer, los demás estaban muy ocupados con su trabajo y su dinero; la economía los tiene cautivos en su ficción al igual que aquí.

—La ficción de la economía —repitió el marciano—,eso me gusta.

—Al menos en mi planeta de origen la economía es una ficción, respaldada por un metal llamado oro cuyo valor es totalmente relativo.

—Pero la economía me importa muy poco, lo que yo quiero es aprender a volar.

—Tienes razón, olvidemos a la economía. ¿Dónde iba?, ah sí, te decía que el libro del Sol fue el código que me permitió comprender las facultades elevadas de la inteligencia. Después de leer y releer el libro comprendí que, a través del conocimiento, una semilla cósmica había sido sembrada en mi interior. Fue cuestión de salir bajo los rayos del Sol para que la semilla germinara, y entonces fue cuando pude ver las burbujas espectrales y emprender el viaje abstracto.

Mientras yo hablaba,el marciano se comenzó a poner nervioso y me hacía gestos extraños como tratando de darme a entender algo. Cuando volteé tras de mí para ver de qué se trataba, via un par de robots uniformados comopolicías que venían directamente hacia mí. Mi amigo se retiró discretamente cuando una voz electrónica dijo:

—Alto, estáusted acusado de volar sin permiso en la vía pública, y de darse a la fuga después de ocasionar un accidente.

—Pero yo…

—Usted tiene derecho a mantener silencio, cualquier cosa que diga puede ser usada en su contra.

Me llevaron esposado hacia la comandancia de policía que era un edificio gigantesco operado única y exclusivamente por policías robots. Antes de encerrarme en una celda,tomaron los datos del chip que traía en mi cintura. No sé cuánto tiempo pasé ahí hasta que un marciano, vestido elegantemente entró y me dijo:

—Yo soy tu abogado, hijo. Tenemos un serio problema.

—Mire señor, yo no entiendo nada de esto.

—Te voy a explicar, lo que pasa es que en un principio se te acusó de causar disturbios en la vía pública, lo cual es una ofensa menor. El problema fue que al momento de revisar tu identificación, en ella aparece que tú eres de la casta más alta de Saturnos, lo cual, siendo tú marciano, no puede ser. Tu caso se ha llevado a investigación y aun no llegan los resultados. Antes de que los jueces Saturnos analicen tu situación jurídica,sería bueno que me explicaras cómo es que conseguiste esa identificación.

Le narré mi viaje hacia Venus y le conté que la reina de aquel planeta me había dado la identificación. Cuando terminé, el abogado me veía con expresión de duda y terminó por decir:

—Voy a creer tu historia y haré tu defensa basándome en lo que me dices. No creo que el juzgado te crea, pero tú decides. Yo te recomendaría inventar que falsificaste la identificación y así sólo recibirías el exilio como castigo. En cambio,si dices que la reina de Venus te lo otorgó y resulta no ser cierto, se te condenaría a efectuar trabajos forzados de por vida.

Me mantuve firme en mi decisión de decir la verdad, lo cual incomodó a mi defensor, pero al final aceptó.

No pasó mucho tiempo, cuando mi abogado regresó con la noticia:

—Parece ser que tu versión es cierta. Después de llevar tu caso al centro de inteligencia se investigó el origen de tu identificación y resulta ser que, en efecto, el sello es oficial. Al parecer hace mucho tiempo se emitieron un par de esas identificaciones y fueron un regalo a la reina de Venus. Quiénsabe cómo le hiciste para conseguirla, pero con ella puedes considerarte una persona afortunada: gozas de inmunidad diplomática y puedes viajar hacia cualquier región del imperio de Júpiter y de Saturno.

Seguí a mi abogado hacia las afueras de la comandancia y ahí él se despidió diciendo:

—Fue un placer haber llevado tu caso, para cualquier cosa estoy a tu servició —y me extendió su tarjeta.

—Gracias —le dije,mientras me alejé caminando por la calle.

Apenas di un par de pasos cuando el joven con el cual había estado platicando antes de ser arrestadose me acercó, acompañado de otro y dijo:

—Queremos aprender a desarrollar la burbuja espectral que te ilumina, platícanos del “Libro del Sol”.

Les indiqué que fuéramos a un parque cercano, ahí nos acomodamos en el césped y dije:

— “El Libro del Sol” habla del anhelo por recuperar los potenciales perdidos de la inteligencia. Dice que la mente es el instrumento para penetrar el poder infinito que el Sol esconde tras su resplandor. Digamos que “El Libro del Sol” es un código que ayuda a eliminar un virus que afecta ala conciencia cósmica. No son las palabras las que descubren el camino a seguir, sino una frecuencia unificadora que se puede recibir exponiéndose a los rayos de Sol.

—Nos la pones muy difícil —comentó el otro—,aquí nunca vemos al Sol.

—El libro habla —continué explicando—,de que la fuerza del Sol puede penetrar a través de objetos, pues no es únicamente su luz la que cura, su fuerza de atracción es la que mantiene al Sistema Solar en equilibrioy todos los elementos que están en su rango de influencia la puedan sentir, aun sin exponerse directamente a sus rayos luminosos. La energía del vacío que genera el Sol es la fuerza que nos permitirá efectuar viajes intergalácticos e interdimensionales.

—Tal vez los Saturnos ya conocen esa fuerza y por eso nos tienen subyugados.

—Es posible que así sea. De alguna manera ellos han mantenido cautivos a todos los planetas del Sistema Solar, incluyendo a la Tierra, pues son capaces de viajar entre las dimensiones y manipular la imagen tele-transportada. Yo digo que ha llegado el momento de recuperar las facultades superiores de la inteligencia y en vez de otorgar todo el poder a los aparatos, desarrollemos los potenciales de comunicación telepática e imagen interna. Imagínense el día en que pudiéramos convivir en un espacio alterno donde los marcianos, los terrícolas, los venusinos y todas las especies convivieran en igualdad de condiciones, teniendo acuerdos visionarios.

—A ver —dijo mi amigo—,ya me perdí. ¿Cómo le vamos a hacer?

—Antes que nada,debemos dedicarmenos tiempo a los aparatos y, en lugar de eso utilizarlo para el autoconocimiento. Cada quien guarda la clave que desata las facultades que estamos buscando, pero es necesario tener la mente en paz para poder descifrarla.

—El dinero no nos deja —dijo uno de ellos.

—¿Qué? —expresé—.Esoesabsurdo. Si aprendemos a compartir y a vivir sin tantas comodidades,gozaríamos de tiempo para disfrutar de la vida y conquistar los estados de paz que abren las puertas escondidas en el tiempo.

—Tienes razón, la economía es una ficción, pero, ¿cómo hacerle para salir de ella?

—Volver a la naturaleza.

—¿Cual naturaleza?

—Tu forma natural de vida. Por ejemplo: vivir en Marte,ya que eres marciano. Ahí nada te faltará pues tu naturaleza siempre proveerá, como hasta ahora lo ha hecho.

—Sí, eso sí, vivimos en estas estaciones galácticas por pura ambición, pudiendo estar en nuestro estado natural, donde, como tú dices, todo se da. Nunca he oído que en Marte alguien se muera de hambre.

—Sustento hay para todos, pero especies como los Saturnos han saqueado a la naturaleza y están causando un desequilibrio en el orden universal. Por eso hay que cambiar de actitud, para salvar a la vida de su extinción.

—Sí, urge. Dicen que la energía que estamos extrayendo de las entrañas de Júpiter es tanta, que el planeta un día va a desaparecer. Son rumores, no es noticia oficial, pero tomando en cuentala forma en que los Saturnos han controlado la información,yo creo que síes verdad.

—Y muchas cosas que suponemos pueden también ser verdad. Como desarrollar las funciones ocultas de la mente.

—Después de haberte visto volar, yo creería cualquier cosa.

Sin saber por quéles dije a mis amigos que me tomara uno de cada mano. En el momento sentí como la burbuja que me contenía se expandió hasta incluirlos dentro de ella. Uno comenzó a llorar, el otro sonreía mientras ambos me miraban extasiados. De pronto,sentí que la corriente que les estaba transmitiendo se polarizó y, el que reía comenzó a llorar, mientras que el otro se enjugó sus lágrimas y en su rostro se dibujó en él una expresión de alegría. Después de un rato de hacerlos sentir los extremos de la emoción, quedaron ambos en un estado de paz en el cual ellos mismos comenzaron a generar su propia burbuja espectral. Entonces los solté y vi que cada uno estaba contenido dentro de su propio campo energético.

—¿Volamos? —preguntó uno de ellos.

—De cierta manera —respondí.

—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó el otro.

—Les compartí un poco de mi energía.

—¿Pero por qué la tristeza y la alegría?

—Bueno, es que al tener energía de más,las emociones se incrementan, de hecho la energía prima es de carácter emocional.

—No entiendo.

—Sí, sintieron tristeza pues para conseguir la alegría suprema hay que haber conquistado los estados de tristeza y depresión; no huir de ellos sino confrontarlos y transformarlos. Por eso es que ustedes sintieron gozo y dolor, estaban abriendo los canales de la emoción, por donde la energía tiene que fluir.

—Tienes razón, ahora me siento lleno de vigor.

—¿Ya ven?, lo que acabamos de hacer fue como una purga del sistema energético;muchas veces la tristeza surge como una manera de expulsar del cuerpo aquello que no permite que fluya la energía.

—¿Y cuál es el siguiente paso para poder volar como tú lo haces?

—Eso ya no depende de mí. Yo ya les he ayudado a abrir sus canales, ahora ustedes, mediante actos que incrementen su alegría, podrán fortalecer su campo energético y eventualmente trascender a las limitaciones de su condición.

—Gracias —dijo uno de ellos.

—Gracias —repitió el otro.

—Creo que ahora es tiempo de continuar mi camino —dije—,ustedes ya han sido iniciados en la sabiduría cósmica, ahora sigan lo que su corazón les indique y verán que muy pronto podrán volar y obrar grandes prodigios que hoy apenas se imaginan.

Después de decir eso, sin saber por qué, extraje el regalo que la reina de Venus me había hecho, lo corté en tres partes iguales, entregándole una a cada uno de mis amigos y la otra me la quedé yo.

—Como ustedes ya han sido iniciados en la conciencia cósmica, puede ser que necesiten esta identificación como un instrumento para liberarse de las cadenas ficticias.

Misteriosamente, y como yo lo había supuesto, al romper mi identificación esta se multiplicó como si se hubiera clonado. ¡Era un regalo de la reina de Venus, claro! Mis amigos permanecieron observando su nueva identificación mientras yo cerré mi campo energético y me alejé volando por los aires.

—¡Adiós! —grité desde las alturas.

Desde el suelo,ellos se despidieron con emoción. Yo sabía que volveríamos a vernos, estábamos todos encarrilados en una misma dirección; hacia la gran transformación del Universo.

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